Proverbios 12:22-28

Prov.12_22-28 Casa de Yisrael

Desde el principio de la Creación aborrece el Todopoderoso la mentira, pues por creer en ella, los primeros humanos (y su descendencia) han perdido la posibilidad de vivir para siempre en un lugar perfecto (Gan Eden). Por ello hay que huir de ella y buscar la verdad, según la provee Yahwéh, también a través de su Hijo Yahoshúa. Esto es lo que agrada y desea el Eterno que hagamos para volver a Él y a ese primer lugar para siempre.

La prudencia de la persona que tiene muchos conocimientos, al no divulgar libremente todo lo que sabe, da lugar a su humildad para no caer en la vanagloria que buscan las personas necias, proclamando a vivas voces sus ignorancias. La misma prudencia se ve en quienes obran diligentemente, tanto que pueden llegar a tener autoridad sobre las negligentes. Más aún esto puede ocurrir cuando se trata de servir al Todopoderoso según sus planes.

La congoja puede ser el resultado de una ansiedad descontrolada por querer vivir bien, o por buscar tenerlo todo. Lo esencial es la Fe plena basada en la confianza en Yahwéh, el Eterno, tal como nos enseñó nuestro Maestro Yahoshúa (Mat.cap.6). Cuando hay Fe legítima, no hay ansiedad ni tristeza prolongada, pues una buena palabra elimina toda congoja o depresión. Quizás ésta puede ser una buena palabra de un prójimo; sin embargo, en sentido profundo, se refiere a la Palabra de Yahwéh que encontramos en las Escrituras. Ellas nos revitalizan, como decía David:

“Si tu Toráh no hubiera sido mi deleite, yo habría perecido en mi aflicción.” (Salm.119:92, VIN). La Toráh también es Instrucción y Palabra buena de Yahwéh, como también lo son sus mandamientos. Por lo cual también decía David: “Aunque vengan sobre mí la angustia y la aflicción, tus mandamientos son mi deleite.” (Salm.119:143, VIN). David confiaba tanto en la Palabra de Yahwéh, que también dijo: “Este es mi consuelo en mi aflicción, que tu promesa [Palabra] me ha preservado.” (Salm.119:50, VIN). Donde esa “Promesa” o “Palabra” también tienen que ver proféticamente con el Hijo de Yahwéh, Yahoshúa, el Mesías.

Y por refugiarse en las Palabras de Yahwéh, los justos guían a sus prójimos para que no escojan los caminos de los impíos. Por ello actúan siempre con diligencia en ese servicio, sin perder tiempo, aprovechando toda oportunidad de hacer el bien y de lograr alcanzar grandes riquezas espirituales para la mayor cantidad de personas posibles. Este es el camino donde se encuentra verdadera vida, esperando la eterna, lejos de senderos impíos donde amenaza constantemente la muerte, incluso la perpetua.

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