Proverbios 15:1-7

Prov.15_1-7 Casa de Yisrael

¡Cuánto cuidado debemos tener con el uso de nuestras palabras! La psicología lo advierte, hay que cuidar las palabras que decimos, porque con ellas podemos producir un gran daño por mucho tiempo, heridas psicológicas. Con ellas podemos degradar la autoestima, sobre todo la de los hijos u otros niños. En el caso del proverbio, dice que una palabra dicha duramente, aunque sea una exhortación, puede hacer enojar y encuentra un efecto contrario al que se quería. Sin embargo, las palabras dichas en tono suave, sin burlas ni insultos ni sarcasmos, pueden aplacar muchos enojos y restaurar la paz de muchas personas. La mansedumbre en el habla es un tesoro que Yahwéh estima de sobremanera.

Y a esta manera mansa de hablar se le debe sumar el conocimiento, con el fin de obtener una edificación en quien está oyendo. En lugar de usar la boca neciamente, hacer como dijo el Apóstol Pablo:

Ninguna palabra obscena salga de su boca, sino la que sea buena para edificación según sea necesaria, para que imparta bondad a los que oyen. (Ef.4:29 VIN)

Cuando dice el Sabio que “los ojos de Yahwéh están por todo lugar”, no hay que pensar que el Todopoderoso mira como un ser humano ni tiene ojos. Significa que Él todo lo ve y todo lo oye, nada se le escapa de lo que hagamos o digamos, todo lo sabe por su Poder, como dijo David:

Salm.139:1 Oh Yahwéh, Tú me has examinado y me conoces. (2) Cuando me siento o me levanto tú lo sabes; tú disciernes de lejos mis pensamientos. (3) Tú observas mi andar y mi descansar, y estás al tanto de todos mis caminos. (4) Aún no está la palabra en mi lengua, cuando tú, Yahwéh la conoces bien. (VIN)

La lengua afable se refiere a que provoca sanidad, no sólo en el aspecto psicológico, sino también en el espiritual, cuando transmite instrucciones de mandamientos, los cuales son como “árbol de vida” que purifica de la desobediencia perdida en el principio de la Creación. Con esas palabras evitamos el habla perversa o mala que sólo produce daños.

Salomón repite temas anteriores, como en Prov.13:1, donde habla de la importancia de aceptar la disciplina de un padre. También en Prov.8:21 y Prov.10:22, donde se habla de la riqueza del justo y la ruina de los malvados. Y en Prov.10:20-21, donde se habla de los labios de sabios o justos.

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