El Desafío del Creyente

Desafío Creyente

 

Los juegos olímpicos deberían servirnos para enfocar la mirada en otro gran desafío, como nos ha enseñado el Apóstol Shaúl (Pablo):

Por tanto, nosotros también, siendo que tenemos a nuestro alrededor una nube tan grande de testigos, despojémonos de toda carga del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, puesta la mirada en Yahoshúa, el autor y consumador de nuestra fe; quien por el gozo que le esperaba sufrió el madero, sin hacer caso de la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Elohim. Así que mediten en el que soportó tanta hostilidad de pecadores contra sí mismo, para que no decaiga su ánimo ni desmayen. – Heb.12:1-3 (VIN)

El primer gran desafío que nos propone Shaúl es despojarnos de toda carga del pecado. Debemos pensar, entonces, en cómo se participa en esta “carrera” de la vida. Primero debemos entender qué es pecado. Como dijo el emisario Yojanán (1Juan 3:4): “Todo el que comete pecado también infringe la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley.”. Y Shaúl también nos aclara: (Rom.7:7) “¿Qué diremos entonces? ¿Que la Ley es pecado? ¡De ninguna manera! Al contrario, yo no supiera lo que es pecado si no fuera por la Ley; pues no estaría consciente de la codicia, si la Ley no dijera: ‘No codiciarás’”.

Entonces, ya conocemos una regla de la “carrera”: quitarnos los pecados de acuerdo a la “Ley”, que está compuesta por los Mandamientos de Yahwéh, el Dador de la Ley. Ahora bien, Shaúl nos dice que el pecado “tan fácilmente nos enreda”. ¿Qué quiso decir con eso? Pues, si no queremos cumplir los Mandamientos para limpiarnos de la suciedad de los pecados, entonces estaremos fácilmente enredados en ellos, al estar esclavos de la debilidad humana que ayuda a caer en los pecados. Recordemos lo que dijo nuestro Maestro Yahoshúa: “En verdad, en verdad les digo que todo el que practica el pecado es esclavo del pecado” (Juan 8:34). Para escapar de esa esclavitud, no sólo es necesario aprender los Mandamientos, sino también apoyarnos en la oración diaria para que el Todopoderoso nos ayude con su Espíritu de Santidad.

De esta manera, aprendiendo los Mandamientos y, por medio de la oración, confesando nuestros pecados a nuestro Padre celestial para que nos perdone y nos ayude a no volver a cometerlos, podemos correr esa gran “carrera” hacia la “medalla” de la santificación y justificación. Pero debemos tener en cuenta otro consejo del Apóstol Shaúl, que dice:

¿No saben que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero sólo uno lleva el premio? Corran de tal manera que lo obtengan. Y todo el que lucha se disciplina en todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible; nosotros, en cambio, para una incorruptible. Por eso yo corro así, no como a ciegas; peleo así, no como quien golpea al aire. Más bien, pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer; no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser descalificado. – 1Co.9:24-27 (VIN)

Shaúl nos da el secreto para ganar la corona incorruptible: la disciplina. ¿Cómo? Pues evitando cualquier posibilidad que nos lleve a pecar. Eso es tener prudencia, que lleva a tener sabiduría. Si los corredores en los juegos se entrenan duro para obtener la medalla de oro, así debemos prepararnos para obtener la medalla de la vida sin fin y “la santificación, sin la cual nadie verá a Yahwéh” (Heb.12:14). Y nos preparamos para tener dominio de nuestras propias pasiones, como dije antes, con el estudio de los Mandamientos y la oración. Y cuando aplicamos lo que aprendemos, en cuanto a poner en práctica los Mandamientos para purificarnos de los pecados, entonces no seremos descalificados como hipócritas y seremos premiados por Yahwéh con bendiciones, aún en la “carrera de la vida” actual.

Ahora, hay algo más que necesitamos para ganar la carrera. Como dijo Shaúl, poner “la mirada en Yahoshúa, el autor y consumador de nuestra fe”. Esto no significa sólo creer en él como Mesías y Redentor de la humanidad. El Apóstol habla de muchísimo más que eso. Aquellos que no ponen su mirada en el Mesías, que ya vino, resucitó y “se ha sentado a la diestra del trono de Elohim [del Todopoderoso]”, no cuentan con una gran ayuda para ganar la carrera. Porque sólo aprender de la “Ley” y sus mandamientos no alcanza, porque necesitamos la ayuda de la Inspiración de Santidad de Yahweh. Y esa Inspiración nos ayudará sólo si ponemos nuestra confianza en Yahoshúa, nuestro Maestro y Salvador. Es ineludible eso. Porque sin esa ayuda será común perder la lucha contra la debilidad humana, por más conocimiento que tengamos de la Ley. Y si uno no se apoya en el Mesías de manera correcta, cae en el envanecimiento de su mente, porque el amor del Mesías causa una verdadera edificación haciendo precisamente la Voluntad del Todopoderoso con humildad, sin depender de tradiciones humanas.

Cuando nuestra mente se concentra en tener los pensamientos de Yahoshúa el Mesías; cuando corremos pensando en imitar sus acciones y la manera en que nos amó, entregándose hasta la muerte “sin hacer caso de la vergüenza”, soportando  “tanta hostilidad de pecadores contra sí mismo”; entonces podremos estar totalmente esperanzados para obtener el premio incorruptible de la vida sin fin. Ese es el gozo que le espera al que pone la mirada en el Mesías que vino y vive con nosotros. Y ese gozo nos ayuda a soportar toda prueba, por más dura que sea. Aunque suframos, sabemos que es para nuestro bien, como si fuera un remedio. Tal como dijo Shaúl (en Rom.8:28): “Sabemos que Yahweh hace que todas las cosas contribuyan al bien de los que lo aman, de los llamados conforme a su propósito.”. Y además dijo el Apóstol (en Hch.14:22): “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el Reino de Yahwéh”.

Así que, como dice Shaúl: “no decaiga su ánimo ni desmayen”. Sigamos luchando firmes en la fe completa, esto es, con la obediencia a Yahwéh, nuestro Padre amado, y viviendo en Yahoshúa el  Mesías, imitando su fortaleza y su manera de servir, aún nos toque sufrir muchas cosas. Y no olvidemos el consejo de otro gran discípulo, Shimón Kefá (Pedro), que dijo (en 1Pe.3:17): “Porque es mejor que padezcan haciendo el bien, si la voluntad de Elohim así lo quiere, que haciendo el mal.”. Finalmente, Shaúl nos deja un aliento que jamás debemos olvidar, sea que suframos o no, relacionado con la gran ventaja de tener fe de la mano del Mesías:

¿Quién podrá separarnos del amor del Mesías? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿Los peligros? ¿La espada? Como está escrito: Por tu causa estamos expuestos a la muerte todo el tiempo; se nos cuenta como ovejas para el matadero. Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los mensajeros, ni los gobiernos, ni lo presente, ni lo porvenir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor del Poderoso [Yahweh], demostrado mediante el Mesías Yahoshúa, nuestro Maestro. – Rom.8:35-39 (VIN)

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