El Leproso

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Fue despreciado, desechado por los hombres; varón de sufrimientos, familiarizado con la enfermedad. Como uno que esconde su rostro de nosotros, fue menospreciado, y lo estimamos como nada. Sin embargo eran nuestras enfermedades las que llevaba, nuestros sufrimientos los que soportó. Nosotros lo contamos como plagado [nagúa], herido, afligido por Elohim. Pero él fue herido por nuestros pecados, molido por nuestras maldades. Llevó el castigo que nos restauró, y por sus heridas fuimos nosotros sanados. – Isaías 53:3-5 (VIN)

En el Talmud de Babilonia se registra enseñanzas de muchos rabinos de renombres que hablan de la discusión sobre cuál sería el apelativo para el Mesías.

Los rabinos dijeron: Su nombre es “el estudioso leproso”, como está escrito [Is.53:4], “Ciertamente llevó nuestras penas, y cargó nuestras tristezas, sin embargo, nosotros le consideramos como un leproso, herido del Eterno y afligido.” – Talmud de Babilonia (Sanedrín 98b)

¿Por qué relacionaron la lepra (tzaráat) con el Mesías? Es interesante notar que la palabra “plagado” se traduce del hebreo “nagúa“, que también puede traducirse como “llagado“. Tiene como raíz hebrea la palabra “nagá“, que también es raíz de la palabra “negá“, la que se traduce como “llaga” o “plaga“. Y en el pasaje de Lev.13:2 leemos:

Cuando un hombre tenga en la piel de su carne hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y se convierta en llaga [nega] de lepra [tzaraat] en la piel de su carne, será llevado al sacerdote Aarón, o a uno de sus hijos los sacerdotes. – Lev.13:2 (BTX3)

La traducción de “llaga de lepra” se hace del hebreo “negá tzaráat“, y era la señal de una persona que será considerada por el sacerdote como “leprosa” o “metzorá“. La misma debía ser puesta a vivir en cuarentena fuera del campamento de Israel para su saneamiento. Esa afección sobrenatural surgía por pecados como la soberbia, la insolencia, pero, sobre todo, por la maledicencia que incluye el chisme, la calumnia y, en general, el mal uso de la lengua. Por tal razón Miryam fue afectada con esa lepra por haber hablado “a espaldas” de su hermano Moisés junto a Aharón, tal como se relata en Núm.cap.12.

Sin embargo, actualmente, aunque ya no existe esa afección, “tzaráat” simboliza más profundamente la contaminación espiritual con cualquier tipo de pecado. Se puede deducir esto de lo que explicó el Mesías Yahoshúa en Mateo cap.15, en cuanto a que la contaminación que debe preocupar a las personas es la produce un corazón contaminado. Y esto le tocó experimentar a David cuando cometió adulterio. David dijo en el conocido Salmo 51 del arrepentido:

Purifícame con hisopo para que quede limpio; lávame hasta que quede más blanco que la nieve.Salm.51:7 (VIN)

Y el hisopo era uno de los elementos que el sacerdote debía usar para la purificación de la persona que sanó de lepra. Así como está escrito:

Yahwéh le habló a Moshéh y le dijo: “Esta será la ley para un leproso cuando vaya a purificarse: Cuando se le haya informado al sacerdote, el sacerdote saldrá del campamento. Si el sacerdote ve que el leproso se ha curado de su afección escamosa, el sacerdote mandará que se traigan dos aves limpias vivas, madera de cedro, tela escarlata, e hisopo para el que va a purificarse. – Lev.14:1-4 (VIN)

David le pedía a Yahwéh que lo purificara con hisopo para quedar “más blanco que la nieve“, o sea, totalmente limpio y perdonado. Y aquí debemos poner atención en el pasaje que dice:

El sacerdote mandará degollar una de las aves sobre agua fresca en una vasija de barro; y tomará el ave viva, junto con la madera de cedro, la tela escarlata y el hisopo, y los mojará juntos al ave viva en la sangre del ave que fue degollada sobre el agua fresca. Entonces la rociará siete veces sobre el que se va a purificar de la erupción y lo purificará; y dejará libre al ave viva en el campo.Lev.14:5-7 (VIN)

Gracias a la luz de la sabiduría que nos da Yahwéh, a través del Mesías, podemos entender en profundidad ese pasaje, y el Moréh Yosef Alvarez nos ayuda a comprender como sigue.

¡Dos aves limpias vivas representan al Mesías! Un ave inmolada es la muerte de Yahoshúa el Mesías, y el ave que es dejada viva es su resurrección. El Mesías pudo cargar con los pecados del mundo porque fue completamente limpio, sin pecado. Por eso es como si fuera considerado un “leproso”, porque nuestras “lepras espirituales” cayeron sobre él.

¿Qué debía tener el sacerdote para purificar a la persona sanada de lepra?

1) Madera de cedro, que puede simbolizar al madero donde fue ejecutado el Mesías. Y también puede simbolizar, siendo el cedro un árbol fuerte y alto, a la grandeza o gloria que tenía el Mesías preexistente como puro espíritu en el cielo, siendo el Hijo Unigénito del Todopoderoso Yahwéh. Esa grandeza la recupera luego de humillarse (representado con el hisopo), tal como se entiende de sus palabras (en Juan 8:28, VIN): “Entonces Yahoshúa les dijo: Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, entonces entenderán quién soy yo, y que nada hago por mi propia cuenta; sino que hablo estas cosas porque así me las enseñó el Padre.”. ¿Qué entenderán? Lo que dijo luego (en Juan 12:32, VIN): “Y yo, cuando me levanten de la tierra, atraeré a todos hacia mí.”. Al levantarlo en el madero sufre la muerte, pero esa misma muerte se transforma en victoria según el Plan de Yahwéh.  ¿Por qué los atraerá? Porque serán justificados con su sacrificio redentor para que tengan vida eterna, tal como está escrito en declaración de Yahwéh (en Is.53:11, BTX3): “Gracias a la aflicción de su alma [hasta la muerte], verá la luz [resucitará] y quedará satisfecho. Por su conocimiento, mi siervo, el Justo, justificará a muchos. Y cargará con los pecados de ellos.“.

2) El hisopo, como pequeño arbusto, representa la humildad y humillación que tuvo que sufrir el Mesías cuando se hizo hombre. Por eso dijo el Profeta: “Fue despreciado, desechado por los hombres…Como uno que esconde su rostro de nosotros, fue menospreciado, y lo estimamos como nada.” ¿Quién hizo eso? Parte del pueblo judío que lo rechazó como Mesías, en principio, por obra del Altísimo (ver Is.29:13-14). Luego, todos los que creyeron en él y lo despreciaron abandonándolo como Mesías, que es estimarlo también como nada. También el hisopo nos enseña la humildad que debemos imitar del Mesías, como está escrito: (Mar.10:45) “Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”. Y también compartir con él la humillación que tuvo, para que también seamos exaltados con él cuando regrese, porque él dijo: (Mat.23:12) “Porque al que se enaltece lo humillarán, y al que se humilla lo enaltecerán”.

3) Tela escarlata es como de color rojo muy vivo, como la sangre, y representa la sangre derramada por el Mesías para expiar pecados. Este simbolismo se relaciona con la sangre del cordero de Pésaj (Pascua), la que liberó a los israelitas de Egipto, como se relata en Éx.cap.12. ¿Qué se usó para rociar con sangre en los dinteles de las puertas? ¡El hisopo! Y además se relaciona con la expiación que hacía la ceniza de la “vaca roja”, como se detalla en Núm.cap.19, vaca que era sacrificada y representa al Mesías que murió. La vaca era quemada completamente; ¿junto con cuáles elementos? ¡Madera de cedro, hisopo y tela escarlata! Todo eso se transformaba en cenizas que simbolizan al Mesías resucitado y que expía los pecados de las personas que en él crean. Esas cenizas también purificaban a una persona que tenía contacto con un cuerpo muerto, considerado impuro porque le faltaba la pureza de la energía de vida. Ese contacto también simboliza el elegir en la vida andar como “muertos”, espiritualmente hablando, sin honrar, ni respetar, ni servir al Todopoderoso. Gracias al Mesías, el Apóstol Pablo nos aconseja (en Rom.6:11-13, VIN): “Así también ustedes, considérense muertos para efectos del pecado, pero vivos para Elohim en el Mesías Yahoshúa. (12) Así que no reine el pecado en su cuerpo mortal, de modo que obedezcan a sus malos deseos. (13) Ni tampoco ofrezcan sus miembros al pecado, como instrumentos de injusticia; sino ofrézcanse ustedes mismos a Elohim como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Elohim como instrumentos de justicia.“. En el Mesías vivimos hoy “para siempre”, entre muchos “muertos”. Por eso dijo el Mesías (en Juan 11:25, VIN): “Yahoshúa le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. (26) Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?”. Viviendo en el Mesías se posee potencialmente la vida para siempre, tal como él mismo lo dio a entender (Juan 5:24, VIN): “En verdad, en verdad les digo que el que oye mi palabra y le cree al que me envió tiene vida eterna. El tal no va a juicio, sino que ha pasado de muerte a vida. (25) En verdad, en verdad les digo que viene el tiempo, y es ahora, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Elohim, y los que oigan vivirán. No se refiere a muertos físicos, sino a “muertos” en vida por sus impurezas, impiedades y necedades, porque no poseen la vida pura con fe que glorifica a Yahwéh. Y a esos “muertos”, que creen al Mesías, les da el derecho a la vida perpetua.

¿Qué otra cosa debía hacer el sacerdote para la purificación? Dice el texto: “mandará degollar una de las aves sobre agua [máyim] fresca [jayím] en una vasija de barro“. La palabra hebrea “jayím” puede traducirse también como natural, corriente. Pero literalmente significa “viva“. ¿Y qué puede simbolizar “vasija de barro“? Pues nuestro débil cuerpo mortal. Entonces, el ave que muere representa al Mesías que muere para que los creyentes en él reciban el espíritu de santidad, como el “agua viva“, cuando son sumergidos en su nombre. Por eso dijo el Mesías (en Juan 7:38, VIN): “El que crea en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su interior.“. Y a la samaritana le dijo (en Juan 4:14, VIN): “Pero cualquiera que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.“.

Nosotros, sin el Mesías, estábamos muertos, sin agua viva, impuros como con lepra, apartados del pueblo de Yahwéh. Pero al morir con él, creyendo en él, somos rociados por su sangre derramada, “siete veces“, que simboliza la justificación para tener vida eterna. El ave, que es mojada junto a los otros elementos con la sangre del ave sacrificada, simboliza que el Mesías tomó nuestra “lepra”, o sea, cargó con “nuestras enfermedades” y con “nuestros pecados“ y “Llevó el castigo que nos restauró, y por sus heridas fuimos nosotros sanados.“. Esto último se simboliza con la liberación del ave en el campo. ¡Bendito sea el que viene en el Nombre de Yahwéh! Entonces ocurre lo que dijo Pablo:

Porque el Elohim que mandó resplandecer la luz en las tinieblas es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para darnos la luz del conocimiento glorioso de Elohim en el rostro de Yahoshúa el Mashíaj. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que se vea que la excelencia de este poder viene de Elohim, y no de nosotros. – 2Co.4:6-7 (VIN)

Así como el Mesías “vió luz eterna” luego de morir, también nosotros en el Mesías tenemos luz junto con el agua viva, pero aún como tesoro en “vasos de barro“. La purificación que mencionamos con las aves se puede entender como el proceso de toda la vida en la que uno debe purificarse también para liberarse de pecados. Porque nuestra debilidad carnal no nos deja disfrutar totalmente del tesoro que recibimos de Yahwéh en esta vida. Ese disfrute completo será para cuando regrese el Mesías y para siempre.

Se relata del Mesías cuando estuvo en el mundo:

Cuando bajó del monte, le siguió mucha gente. Y vino un leproso y se postró ante él diciendo: “Maestro, si quieres, puedes limpiarme”. Yahoshúa extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Y al instante quedó limpio de la lepra. Entonces Yahoshúa le dijo: “Mira, no se lo digas a nadie; pero ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que mandó Mosheh, para testimonio a ellos”. – Mat.8:1-4 (VIN)

Aquí está la señal para los sacerdotes de que él era el Mesías, mandándole al sanado que cumpliera con los requerimientos de la Toráh (Ley), ya que estaba el Templo en pie y oficiaban los sacerdotes; y por esto muchos creyeron en él. Pongan atención que el leproso es limpiado (o purificado), más que sanado de la lepra. ¿Limpio de qué? De sus pecados. Lo que significa que sus pecados son perdonados para que continúe el proceso de purificación creyendo en él e imitándole. Esto es lo que enseña Isaías 53. Por eso le dijo a otro que había sanado (en Juan 5:14, VIN): “Después Yahoshúa lo halló en el Templo y le dijo: ‘Mira, has quedado sano; no peques más, para que no te ocurra algo peor’“.  Y también le dijo a la mujer adúltera perdonada (Juan 8:10-11, VIN): “Entonces Yahoshúa se enderezó y le preguntó: ‘Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?’ Y ella dijo: ‘Ninguno, Maestro’. Entonces Yahoshúa le dijo: ‘Yo tampoco te condeno. Vete y en adelante no peques más’“.

La persona purificada debía arrepentirse del pecado que la llevó a sufrir la lepra, y debía comenzar a respetar los Mandamientos con sumo respeto a Yahwéh. Actualmente, con Yahoshúa el Mesías como Sumo Sacerdote, según el orden de Malki-Tsédek (Rey Justo, Heb.cap.6 y 7), somos limpiados por la fe él con la justificación que produjo su muerte y resurrección, sacrificio que obra la redención de nuestros pecados. Pero, una vez “muertos con él”, debemos renacer a una nueva vida para completar la purificación que necesitamos a través de la obediencia a los Mandamientos de Yahwéh. Y esto, ya no como una obligación impuesta, sino como una demostración de puro amor que le debemos a nuestro Padre y Todopoderoso Yahwéh por haber entregado a su Hijo para salvarnos y regalarnos la vida eterna.

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