Quitando la Levadura

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Es común en esta celebración de la Fiesta de Panes sin Levadura relacionar la levadura con el pecado, la malicia, la inmoralidad, la soberbia, la hipocresía. Todo esto lo aprendemos por revelación del Espíritu de Santidad de Yahwéh, luego de la venida de Yahoshúa el Mesías con sus enseñanzas a través de sus discípulos y enviados.

Uno de los mandamientos más importante que aparece en la Toráh junto a Pésaj (Pascua) es comer durante siete días panes sin leudar o sin levadura. Eso ocurre en la Fiesta de Panes Ázimos o Jag haMatzót (en hebreo). ¿Qué simbolizan los Panes Ácimos? La Palabra de Yahwéh nos enseña que simbolizan la Libertad. Libertad para nacer de nuevo, luego de ser liberados de esclavitud. No es casualidad que, luego de salir el Pueblo de Israel de Egipto con los panes ázimos, llegue la consumación de la Liberación con el paso por tierra seca por el mar de los Juncos.

El Apóstol Shaúl (Pablo) ha hecho una aplicación profunda de esta Liberación de la Toráh, cuando dijo:

Límpiense de la vieja levadura, para que sean una nueva masa sin levadura, como lo son; porque al Mesías, nuestro Cordero pascual, ya lo sacrificaron. Así que celebremos la Fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con el pan ácimo de sinceridad y de verdad.  1Co 5:7-8 (VIN)

Presten atención que dice: “Límpiense de la vieja levadura, para que sean una nueva masa sin levadura, como lo son”. Parece una contradicción, pero no lo es si meditamos en lo siguiente: ¿Podemos llegar a ser masa sin levadura completamente? No podemos, pues eso sería ser perfectos en esta vida. Sin embargo, aquí Shaúl se refiere a un concepto no siempre entendido de sus enseñanzas en el mesianismo: el de imputación. Todos los que hemos iniciado una nueva vida en el Mesías somos considerados como “panes ázimos”. Pues, gracias a que el Mesías fue sacrificado como nuestro Cordero pascual, a nosotros se nos imputa la santidad de él; pues, derramando su sangre, causó la posibilidad de la expiación de nuestros pecados para que tengamos vida eterna. Todos los que nos hemos sumergidos en el Nombre del Mesías, hemos recibido la liberación para comenzar una nueva vida por el “desierto” de pruebas hasta que él vuelva y nos lleve a la Tierra Prometida. Pero no recibimos una liberación para seguir haciendo lo que se nos plazca, sino para comenzar hacer la Voluntad de Yahwéh mediante su ayuda con su Espíritu de Santidad.

Ahora pensemos en cómo actúa la levadura en el pan. Lo que leuda o infla la masa de pan no es la levadura sola por sí misma, sino la fermentación que produce en contacto con agua y azúcares de la harina. Esto produce un gas inodoro e incoloro llamado dióxido de carbono, que es lo que ocupa espacio inflando la masa al darle esponjosidad. Este gas, que produce la expansión del pan, curiosamente es el mismo que nosotros expulsamos con nuestra respiración, al eliminarlo como desecho de la sangre de nuestro organismo a través de los pulmones. O sea, se produce un intercambio de gases. Entra oxígeno cuando inspiramos, sale dióxido de carbono cuando espiramos (no confundir con expirar que es el fin de la vida).

Esta relación de los mismos gases, en el pan leudado y los que se eliminan de nuestro cuerpo, nos lleva a pensar en la realidad de que en nosotros no puede desaparecer el pecado completamente en esta vida. Por ello, Pablo también nos enseña que, ya que fuimos liberados de la condenación de la Toráh en el Mesías para darnos vida perpetua, debemos purificarnos teniendo en mente la pureza del Mesías como nuestro modelo a imitar. Pues, si ya somos considerados como “panes ázimos”, debemos tratar siempre de actuar como tales, limpiándonos de la vieja levadura que simboliza la vida en desobediencia que teníamos antes sin remordimiento, como también los defectos a corregir actualmente. No podemos volver atrás, como querían algunos que habían salido de Egipto y preferían volver a la comodidad de la esclavitud en un entorno pagano y de pecado. Tampoco podemos quedarnos indiferentes o inactivos ante lo que debemos cambiar. Recordemos la siguiente exhortación de Pedro:

Como hijos obedientes, no se conformen a las pasiones que antes tenían, cuando estaban en su ignorancia. Antes bien, así como aquel que los ha llamado es santo, también sean santos ustedes en todo aspecto de su manera de vivir, porque está escrito: “Sean santos, porque yo soy santo”. Y si invocan como Padre a aquel que juzga según la obra de cada uno sin hacer distinción de personas, condúzcanse con respeto todo el tiempo de su peregrinación. Tengan presente que los han rescatado de su vana manera de vivir, la cual heredaron de sus padres, no con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la sangre preciosa del Mesías, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. – 1Pe.1:14-19

Pedro nos avisa que: “los han rescatado de su vana manera de vivir”. Esto es, fuimos rescatados de “Egipto”, es decir, de la vida pecadora transitando continuamente hacia la muerte eterna. Y “Sean santos, porque Yo [Yahwéh] soy santo”, tiene el sentido de apartarnos de la manera de vivir que tiene todo el mundo en la comodidad de la desobediencia a los mandamientos de Yahwéh. Porque “la sangre preciosa del Mesías” no se ha derramado por nosotros para que continuemos viviendo de la misma manera que cuando éramos hijos desobedientes. Antes bien, debemos buscar la obediencia para que nuestra comida del pan sin levadura (que es el cuerpo del Mesías, o sea, asimilar sus enseñanzas y ponerlas en práctica), y nuestra bebida del vino (que es su sangre derramada para expiar nuestros pecados) nos purifiquen, nos muevan a imitar sus actos, teniéndolo como modelo de “cordero sin mancha y sin contaminación”.

El gas dióxido de carbono produce que se infle el pan. Al comer pan sin levadura, evitamos que este gas se presente, simbolizando que debemos evitar que nuestro ego nos haga pecar. Porque el ego de cada uno de nosotros puede llegar a empujarnos a actuar mal, creyendo uno que no lo hace o ignorándolo. El ego puede hacer que uno crea que siempre es víctima de los demás; que uno nunca se equivoca; que no hay que tener mucha paciencia con otros; siempre el “yo” es lo primero y lo correcto. Ese ego, como si fuera dióxido de carbono, infla a la persona de orgullo y soberbia, ocupando el lugar que debería tener la humildad, como en el pan sin levadura, libre de ese gas. Por otro lado, el dióxido de carbono puede estar como desecho en la sangre, es decir, oculto desde fuera de la persona, pero allí está en todo el cuerpo. Esto puede simbolizar cuando se esconden malos pensamientos o sentimientos hacia otras personas; cuando se hace de cuenta que todo está bien, mostrando falso amor; cuando se contamina uno con hipocresía. Eso debe eliminarse cada día, o cada mes, o cada año, a través de la oración donde se reconozca ese pecado y se pida ayuda a Yahwéh para “expulsarlo” de nosotros si lo tenemos, como si fuera dióxido de carbono.

Si el dióxido de carbono simboliza los pecados, debemos mantenernos siempre trabajando con nosotros mismos para eliminarlos con total humildad (que representa el pan ázimo), aunque no sea posible completamente en esta vida porque aún tenemos sangre, que es donde se aloja este gas. Cuando recibamos la naturaleza actual del Mesías, un cuerpo sin sangre, no tendremos más este gas y seremos liberados completamente de los pecados para poder ser realmente panes ázimos, o sea, personas que sólo viven con puro y santo amor. Eso será la consumación de la liberación total de Egipto y la posesión de la Tierra Prometida de Yisrael. Esa es la gran promesa que viene con Yahoshúa cuando regrese. Amén.

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