Recompensa por Fe.

 

Recompensa por Fe

Gen.48:11 Entonces dijo Yisrael (Yaakov/Jacob) a Yoséf (José): “¡Ni pensaba ver tu rostro y resulta que Elohim (el Todopoderoso) también me hizo ver tu descendencia!”.

¿Cuántas veces hemos dicho que ni pensábamos recibir tal cosa de parte del Todopoderoso, mas sin embargo nos dio mucho más de lo que esperábamos? Si nunca lo dijimos, o muy poco, entonces no hemos sabido reconocer las bendiciones que provienen del Amo del Universo, incluso las que a la mayoría no le parecen como tales por no saber reconocerlas.

Y esto también se trata de tener Fe (de la buena) en Yahwéh para poder vivir agradeciendo lo que se tiene, reconociendo las bendiciones celestiales; ya que, de no ser por Él, no se las tendría. Uno de los secretos para ser siempre bendecidos es agradecer al Supremo Yahwéh por todo, empezando cada día por la vida y Su infinita Compasión. La vida es un preciado regalo que debemos cuidar y valorar para honrar a nuestro Creador con nuestras acciones.

Yisrael: significa profundamente “el que luchará con el celestial y vencerá”. Lo que nos enseña este nombre es que, para vencer en las luchas mundanas, como por ejemplo a la mala inclinación natural (Yetzer Hará), que busca esclavizar al hombre con el dominio a través de las pasiones carnales, es necesario contar con Ayuda Celestial. Solo, el ser humano con sus propias fuerzas no puede vencer en sus luchas mundanas, pues es más poderosa la fuerza contraria, sobre todo en alguien alejado de hacer la Voluntad del Amo del Universo. Es por ello que seguir el camino de Yisrael significa, al mismo tiempo, un compromiso total de entregar nuestras fuerzas para amar al Todopoderoso, respetarle y dejar que Él nos ayude a luchar. Porque el camino de la Fe israelita es una lucha permanente de rectificación de la persona propia para acercarse a lo que espera Yahwéh de uno. Por eso está escrito algo muy importante a entender:

Deut. 20:1 Cuando salgas a la batalla contra tus enemigos, y veas caballos y carros de guerra, fuerzas más grandes que las tuyas, no les tengas miedo, que contigo está Yahwéh tu Elohim, que te sacó de la tierra de Egipto. (VIN)

Los “enemigos” pueden representar a las situaciones que complican nuestro actuar correctamente al querer obedecer los mandamientos de Yahwéh y amar a nuestro prójimo. Muchas veces, las tentaciones o provocaciones son muy fuertes o grandes. En esos momentos es cuando debemos tener control de nosotros mismos, que es necesario para preservar la santidad agradando a Yahwéh, y confiando en que podemos contar con su Ayuda en esas batallas. Esto se trata de prepararnos con nuestra voluntad para hacer Su Voluntad. Pero, si hacemos conscientemente todo lo que desagrada a Él, entonces no tendremos Su ayuda y estaremos desprotegidos y sin fuerzas para evitar tropiezos.

La naturaleza humana tiene un poder muy grande que fuerza a la mente para que no cumpla con lo que instruye Yahwéh. Como decía el Apóstol Shaul (Pablo): Por eso digo: Anden en el espíritu, y así jamás satisfarán los malos deseos de la carne. Porque la carne desea lo que es contrario al espíritu, y el espíritu lo que es contrario a la carne. Ambos se oponen mutuamente, para que ustedes no hagan lo que quisieran. (Gál.5:16-17 VIN). Por tal razón, sin ayuda celestial es muy difícil vencer ese poder, o, dicho de otra manera, lograr autocontrol. Y para tener esa Ayuda es necesario una determinación valiente de la voluntad confiando en el Poder de esa Ayuda.

Te sacó de Egipto” significa sacar de un “pozo” de debilidad espiritual que no lo dejaba a uno levantarse para obedecer a Yahwéh. De eso se trata en la celebración de Pésaj: la Libertad. Una vez despierto y convencido de que uno no puede vencer con sus propias fuerzas, entonces se entrega a luchar con Ayuda del Altísimo. Para ello hay que entregarse también a la plegaria en cada día solicitando fuerzas, entendimiento y firmeza para batallar y vencer. Y eso simboliza la lucha y victoria de Yaaqov sobre el ángel, que luego le bendice cambiándole el nombre a Yisrael.

Yosef: su raíz significa añadir, multiplicar y también reanudar o recomenzar. Y esto, en este contexto del pasaje analizado de la Torá, debe entenderse como aumentar la fe y confianza plena en el Todopoderoso que estará junto a nosotros en nuestras luchas como “israelitas”, más allá de si uno haya nacido judío o no.

Pero esa multiplicación en la fe es también de buenas acciones que enseña Yahwéh mismo, con Sus Palabra en la Escritura y con la mejor aplicación de esas Palabras según el Mesías. Por lo tanto, el aumento tiene que ser en confianza y conocimiento para saber cómo actuar en cada caso de prueba, esto es, para alcanzar sabiduría.

Sin embargo, el aumento de conocimiento celestial implicará que uno sufra angustias; pues, seguramente habrá errores y caídas en el camino a mejorar poniendo en práctica lo aprendido, así también como algunas pruebas difíciles o alejamiento de amigos o familiares. Ya lo dijo Salomón: “Porque en la mucha sabiduría hay mucha angustia, y quien aumenta el conocimiento, aumenta el dolor. (Ecl.1:18)”. Pero a no desanimarse, pues es mejor andar por el camino correcto y sufrir haciendo el bien que haciendo mal (1Pe.3:17).

En la fe correcta siempre se debe luchar para mejorar y obtener bendiciones, aún se sufra lo que sea. No se trata sólo de creer en el Todopoderoso o en el Mesías. Para santificarse hay que trabajar mucho sin parar y sin relajarse, apoyados también en la constante plegaria. Y pensando siempre que, luego de cada tormenta, llegará un día soleado y despejado. Debemos entender que todo es para nuestro bien, incluso nuestros sufrimientos y nuestras caídas. No hay otra manera de ascender de nivel espiritual y de santidad.

Y ese es el secreto del aumento o multiplicación de lo santo en nuestra fe. Aunque muchas veces retrocedamos con tropiezos o suframos duras pruebas, sin embargo, debemos tomar nuevamente aire y volver a intentarlo con mayor confianza y determinación, clamando al mismo tiempo por más fuerza para superar el desafío. En esto vemos el recomienzo de la lucha que lleva al aumento de santidad. Nunca hay que dejarse vencer totalmente con una caída, por más grave que sea. El Supremo Compasivo Yahwéh no quiere jamás eso, sino que sigamos luchando para lograr mejorar pase lo que pase, recordando lo dicho anteriormente sobre Deut.20:1. Y recordando que, mientras tengamos vida, siempre tenemos una oportunidad de rectificarnos y vencer. Ya lo dijo también Salomón: “Para cualquiera que está vivo, hay esperanza; ciertamente un perro vivo es mejor que un león muerto.” (Ecl.9:4).

En definitiva, debemos lograr que nuestra vida no sea solamente aumento de años, años de sobrevivir como hacen los animales, sino de años de vida plena gozando de las bendiciones recibidas de parte de Yahwéh, a pesar aun de los problemas que se presenten. Para ello debemos tomar el ejemplo de Yaaqov, que aprendió a vivir como Yisrael, mostrándole a sus hijos que de la Mano del Todopoderoso se pueden superar todos los obstáculos en la vida para ser felices (aún sufriendo mucho); y mostrándole a su más amado hijo cómo aumentar (Yosef) las bendiciones gracias a la fidelidad al Todopoderoso.

Y el resultado del vivir como Yaaqov y Yosef se encauza en la gran bendición transmitida al hijo de Yosef: Efráyim. Efráyim significa fruto, cuya raíz proviene de Efrat o Efratá, la capacidad de fructificar, de dar frutos. También es otro nombre para referenciar a la ciudad de Bet Lejem (Belén), donde nació Yahoshúa el Mesías. Y la raíz de todas es Paráh, que significa fructificar, crecer, aumentar, multiplicar, retoñar.

Entonces, esa bendición, a través de Efráyim, se extiende por medio de la gran obra del Mesías, salido de Efrat, para multiplicar los hijos de Yahwéh en su Reino. Esta multiplicación tiene que ver con la parábola que Yahoshúa dijo: “El reino del Cielo es como la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudado” (Mat.13:33 VIN). Ese es el caso en el que se usa la metáfora de la levadura positivamente. Y esto para hacer crecer a los hijos de Yahwéh para que lleven frutos de buenas obras aprendidas de Él, a través del ejemplo de su Hijo. Para que sean muchos los que digan algo semejante a lo dicho por Yisrael: “No esperaba ver una bendición, ¡Pero Yahwéh me dio incontables bendiciones!“.

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