Proverbios 24:28-34

Prov.24_28-34

 

Prov.24:28

El prójimo puede ser un compañero, un hermano en la fe, un amigo, hasta un familiar. Testimoniar sin motivo o razón contra el prójimo significa ser testigo falso o calumniar, algo condenado por el Todopoderoso, como está escrito:

No darás testimonio falso contra tu prójimo. (Ex. 20:16 VIN)

O:

No divulgues una noticia falsa. No colabores con alguien malvado dando un testimonio malintencionado. No sigas a la mayoría de la gente para hacer cosas malas, ni des un testimonio que vaya en contra de la justicia tan solo por apoyar a la mayoría. (Ex.23:1-2 TNM2019)

De por sí la mentira es algo que aborrece el Eterno, peor aún con falso testimonio o calumnias, como también está escrito:

Seis cosas detesta Yahwéh; siete son una abominación para Él: una actitud altiva, una lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, una mente que fragua planes malvados, pies prestos para correr al mal, un testigo falso que testifica mentiras y uno que provoca discordias entre hermanos. (Prov.6:16-19 VIN)

Indudablemente que, cuando alguien testimonia falsamente contra el prójimo, o calumnia contra él, es porque anida el odio en el corazón de tal persona, como también dijo el Sabio:

El de labios mentirosos disimula su odio, y el que propaga calumnias es un necio. (Prov.10:18 BAD)

Quienes calumnian se enfrentan a graves problemas ante el Padre celestial, Quien no tendrá por inocente a tal persona, por más que con sus palabras trate de disimular ante los demás.

 

Prov.24:29

En muchos casos, se usa el falso testimonio o la calumnia para materializar la venganza por alguna razón que crea justa llevarla a cabo. Pero el Todopoderoso rechaza absolutamente esa decisión, sea la causa que sea por la que uno quiera venganza, como está escrito:

No le paguen a nadie mal por mal; procuren lo bueno delante de toda la gente. En cuanto sea posible, hasta donde dependa de ustedes, vivan en paz con todas las personas. Amados, no se venguen ustedes mismos; déjenlo todo a la ira divina, porque está escrito: “Mía es la venganza; Yo pagaré, dice Yahwéh” (Deut.32:35). Así que, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; pues al actuar así le harás arder la cara de vergüenza. No te dejes vencer por el mal, sino vence al mal con el bien. (Rom.12:17-21 VIN)

¿Por qué no vengarse? Porque Yahwéh es Quien se encarga de hacer justicia perfecta, no nosotros. Además, somos llamados a reflejar la bondad del Eterno, no su poder justiciero. Porque siempre tenemos que estar dispuestos a permitir que los que actúan mal contra nosotros se arrepientan y se avergüencen de hacer mal, para que sean perdonados por Yahwéh. El “dar de comer y beber” al enemigo significa avergonzarlo actuando siempre bien y con amor para que cambie y haga la Voluntad del Amo del universo.

Cuando uno se venga de alguien, se deja vencer por el mal, y no es aceptado ese acto por el Todopoderoso. Porque eso es lo que quiere nuestro Adversario (en hebreo “satán”), que actuemos como la mayoría del mundo hace (y muchas películas alimentan ese deseo), con venganza, dejando que el odio domine el corazón y haga mal a uno mismo. La ira debe desaparecer de nosotros, para sí obrar siempre bien ante las injusticias, pues le corresponde al Eterno impartir su Justicia.

 

Prov.24:30-34

La “viña” del hombre insensato se refiere a su vida necia, que no le importa lo que quiere el Todopoderoso. Como hemos dicho en otra ocasión anterior, la pereza puede relacionarse con la espiritual, con no alimentarse de la Palabra de Yahwéh para aprender a hacer el bien que lleve a amar al prójimo y al Eterno. La pereza es no trabajar sobre uno mismo para mejorar como persona según las instrucciones del Padre celestial.

Cuando el pueblo de Yisrael se apartó del camino correcto que le había enseñado Yahwéh, el profeta Jeremías (Yirmeyahu) dijo:

Y ahora, ¿en qué te beneficia que vayas a Mitsráyim [Egipto] para beber las aguas del Shijor [el Nilo]? ¿Y en qué te beneficia que vayas a Ashur [Asiria] para beber las aguas del río? Que tu desgracia te reprenda y tus aflicciones te condenen; fíjate bien en lo malo y amargo que es el haber abandonado a Yahwéh tu Elohim y el no haberme respetado, declara Yahwéh Tsebaot [de los Ejércitos]. Porque desde hace mucho quebraste tu yugo, rompiste tus coyundas y dijiste: ‘¡No trabajaré!’ Sobre toda colina alta y bajo todo árbol frondoso te echabas como ramera. Yo te planté con vides nobles, todas con las semillas más selectas; ¡Ay! Y ahora te encuentro convertida en algo repugnante, en una vid extranjera! (Jer.2:18-21 VIN)

Ir a Egipto” y “beber de su río” simboliza el dejarse esclavizar por cualquier cosa mundana que aparta de respetar al Todopoderoso Yahwéh, que aleja de hacer su Voluntad. Algo semejante pasa con “ir hacia Asiria” y “beber de su río“, cuando uno se asimila entre los que siguen la costumbre común en el mundo, en la que predomina el goce de la vida carnal, teniendo como aburrido y desaprovechar la vida el aprender de la Palabra de Yahwéh para ser parte de su pueblo.

Alejarse del Todopoderoso y no hacer su Voluntad es caer en la peor y más peligrosa pereza, la espiritual, lo cual hace que uno haga de su vida un campo lleno de suciedad y de malezas que destruyen la buena tierra, la que debe ser fertilizada con la Palabra de Yahwéh (como explica el Mesías en Mat.cap.13), que es la “semilla más selecta“, la que da vida verdaderamente bendecida. Y la “vid extranjera” es, precisamente, la vida gentil, la vida que no tiene en cuenta al Amo del universo ni le respeta. Una vida así no tiene buen rumbo, sino más bien, más probabilidad de perdición perpetua.

¿A qué vino Yahoshúa (o Yeshúa) el Mesías? Vino a “plantarnos en él“, que es “la Vid verdadera” (Juan 15:1 y sgtes.). ¿Para qué plantarnos? Como él lo dice: para que produzcamos buenos frutos gracias al Padre Eterno que nos labra y nos limpia. ¿Con qué nos labra y limpia? Pues no con otra cosa que con su Palabra y Espíritu. Como el Mesías lo explica:

Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su Amor. (Juan 15:10 VIN)

Es evidente la comparación. Así como el Mesías permaneció en el Amor del Padre celestial por medio de la obediencia a sus mandamientos, así también debemos hacerlo nosotros, no pensando que guardar los mandamientos del Mesías es guardar otros mandamientos mejores que los que había dado el Todopoderoso Yahwéh antes. Con la obediencia a Yahwéh le demostramos que lo amamos por sobre todas las cosas, y también amamos a su Hijo, el Mesías.

Cuando vean vidas que están vacías y alejadas de hacer la Voluntad del Todopoderoso, sufriendo o no mucho, que sirva para aprender la lección y para dejar cualquier cosa que se haga como hacen esas vidas. No se puede seguir con las mismas costumbres y actos; es hora de despertar y cambiar de rumbo por la mejor vida que es de la Mano de Yahwéh y su Mesías Yahoshúa.

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