La Importancia del Shemá

 

La Casa de Yisrael (3)

Deut.6:4 ¡Shemá, Yisrael! יהוה Eloheinu, יהוה ejad

¡Escucha, Yisrael! YAHWEH nuestro Elohim, YAHWEH Uno es! (TKIM)

El Eterno Yahwéh nos ordena, como principal mandamiento (como dijo Yahoshúa, el Mesías, en Mar.12:28-30), que Lo reconozcamos como el Único Todopoderoso que existe, pues no hay otro aparte de Él, tal como Él mismo lo dijo:

Deut.4:35 A ti se te ha demostrado claramente que sólo Yahwéh es ha‘Elohim; no hay otro fuera de Él. (VIN)

 

Deut.4:39 Entiende pues hoy y ten en mente que solamente Yahwéh es tu ha’Elohim arriba en el cielo y abajo en la tierra; NO hay ningún otro.

¿Qué significa que ese sea el principal mandamiento? Que es la base donde debe cimentarse la Fe para no errar el rumbo del conocimiento verdadero. ¿Y qué significa que no hay otro ha‘Elohim = Todopoderoso fuera de Él? Un reconocido profeta nos los explicó:

Isaías 43:10 Ustedes son mis testigos, declara Yahwéh, mi siervo que Yo escogí. Para que me conozcan y crean en Mí y entiendan que Yo soy; Antes de Mí no fue formada ninguna deidad [ningún Elohim]; y después de Mí ninguna existirá.

Is.44:6 Así ha dicho Yahwéh, el Rey de Yisrael, su Redentor, Yahwéh de los Ejércitos: “Yo soy el Primero y soy el Último; y fuera de Mí no hay Elohim.”

Is.45:5 Yo soy Yahwéh y no hay ningún otro; aparte de Mí no hay Elohim. Yo te ciño, aunque tú no me conoces, (6) para que se sepa, de este a oeste, que no hay nadie más que [o como] Yo. Yo soy Yahwéh y no hay otro.

Estas declaraciones implican que el Todopoderoso Yahwéh NO comparte su Existencia y Gloria con nadie, como consta en Isaías 42:8: Yo soy Yahwéh, ése es Mi Nombre; no le cederé Mi Gloria a otro, ni Mi renombre a los ídolos.. ¿Qué está diciendo el Eterno aquí? Con toda seguridad que solamente UN SER es el Todopoderoso Yahwéh, cuya Gloria es única y que no comparte su Gloria en distintas manifestaciones de maneras de ser. Es decir, que Yahwéh es únicamente el Todopoderoso y no es en absoluto también el Mesías Yahoshúa, su Hijo. Quienes crean que sí lo es, violan uno de los principales mandamientos dados en el Monte Sináy: Éx.20:2 Yo Yahwéh soy tu Elohim, que te sacó de la tierra de Mitsráyim [Egipto], la casa de servidumbre: (3) No tendrás otros elohim aparte de Mí.. ¿Por qué lo violan? Porque creen que Yahwéh es Elohim; y el Hijo (y Mesías) también es el mismo Elohim. Hay sí o sí dos Elohim, por más que aseguren que se refieren al mismo. Lo que dice el mandamiento claramente es que sólo Yahwéh puede ser considerado haElohim, o sea, el Todopoderoso y nadie más. Es decir: ¡NO consideren a Yahwéh y a su Hijo Yahoshúa el mismo ser haElohim!

Algunos se apoyan en el versículo de Pablo que dice del Mesías: Porque en él reside corporalmente toda la plenitud de la cualidad divina (Col.2:9), para creer que el Padre y el Hijo son el mismo ser. Ese verso no transmite de ninguna manera esa idea si se respeta lo que dice, porque si no, eso sería sencillamente violar el mandamiento de entender el Shemá, es decir, violar la unicidad absoluta del Eterno, y no adorarle sólo a Él, como Él reclama. Porque acabamos de ver que Él dijo: no le cederé Mi Gloria a otro, ni Mi renombre a los ídolos.; y si se cree que el Todopoderoso es también el mismo Hijo/Mesías, se está cediendo o compartiendo la Gloria con un ídolo, porque adorar al Mesías es netamente idolatría. De nada sirve decir que se adora al Padre y no al Hijo, pensando al mismo tiempo que son el mismo ser. Eso es igual idolatría. La única manera de mostrar el Todopoderoso su Presencia en el hombre es por medio de su Inspiración, tal como sucedió con los Patriarcas, Moisés, los Profetas, el Mesías y demás Sabios. La idea de que el Todopoderoso se hizo hombre proviene del paganismo, como la deidad griega inventada de nombre Zeus, que también descendía del cielo y se hacía humano o animal.

 

Shemá es una palabra que exige atención y obediencia al mismo tiempo. En el versículo 3 del capítulo 6 de Deuteronomio, aparece ya esa palabra para referirse a exigir obediencia de los mandamientos.  Para alcanzar sabiduría verdadera, el reconocimiento de la unicidad absoluta del Eterno es el paso principal para abandonar la ignorancia o el error. Cuando sólo adoramos al Amo del Universo Yahwéh, Creador del Mundo, abrimos nuestra mente para poder comprender temas más profundos que Él nos enseña con total fidelidad. Es como si se destaparan nuestros oídos o se cayera el velo de los ojos para poder comprender gracias a Yahwéh que nos ayuda.

 

Deut.6:5 Amarás a Yahwéh tu Elohim con todo tu corazón y con todo tu ser y con todas tus fuerzas. (VIN)

Completamente unida a la obediencia de creer en la unicidad absoluta de Yahwéh, Él nos exige amarle por sobre todas las cosas del mundo, teniéndolo como único Amo y Director de nuestra vida sólo a Él, tal como también Yahoshúa lo explicó en Mat.6:24. Nos enseña el Todopoderoso el principal objetivo para el que nos regala la vida nuestro Creador. Desarrollemos esto:

“con todo tu corazón [lev]”: es decir, se refiere diariamente con nuestros pensamientos y conciencia de su Presencia en todas las cosas o situaciones de vida; como también con temor (no miedo, sino respeto) ante Él para no actuar contra su Voluntad, para no violar sus Mandamientos. Literalmente, el corazón es el órgano “motor” que controla la sangre; y, debido a que las pasiones carnales tienen relación con la sangre, figurativamente, nos enseña que debemos amar a Yahwéh controlando con nuestra mente todas nuestras pasiones de la carne (con “dominio propio”, 2Pe.1:6) para que seamos buenos siervos de Él, con el fin de tener una vida santificada que ilumine ejemplarmente a los demás, dando así frutos correctos viviendo en el Mesías.

“con toda tu ser [néfesh]”: Néfesh se refiere a la vitalidad, a la manera de existir, que incluye todas las pasiones carnales. Como explicamos antes, el corazón es una metáfora de la mente, de su capacidad de actuar voluntariosamente por medio del libre albedrío. Es decir, la mente debe controlar totalmente la vida, entregándola en este Mundo al servicio al Eterno para prepararla para la vida perpetua en el Mundo Venidero.

“con toda tu fuerza [meód]”:  esto es, que todo el esfuerzo en la vida sea, más que para beneficio físico o material, para alcanzar sabiduría celestial y edificación espiritual amando por encima de todo al Eterno. Y ese esfuerzo implica empeño y devoción, como dijo Shimón Kefá (2Pe.1:5-6): Por esta misma razón, pongan todo empeño [meód] en añadir a su fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, perseverancia; a la perseverancia, devoción; para lograr la santificación en el dominio propio, “escapando de las bajas pasiones” (2Pe.1:4).
Deut.6:6-7 Y estas Palabras [devarim] que te ordeno hoy, deben estar [grabadas] en tu corazón; (7) enséñalas fielmente a tus hijos y habla de ellas mientras estás en tu casa, mientras estás de viaje, al acostarte y al levantarte.

“Palabras…deben estar [grabadas] en tu corazón”:  Como vimos en la Parashá Devarim [Palabras], devarím también significa hechos. Por lo tanto, esos “hechos” que deben estar grabados en el corazón, son los anhelos constantes de poner en práctica todos los Mandamientos estudiados, y así se podrá participar de la profecía del Pacto Renovado que está mencionado en Jeremías 31:31-33.  En otras palabras, es incorporar la Torá (con sus mandamientos) como Camino de Vida, para bendecir la vida en este mundo, y para recoger los frutos premios en la próxima que llega con el regreso del Mesías y la Resurrección.

“enséñale fielmente a tus hijos”:  Como siempre hizo el Pueblo de Yisrael, debe enseñarse de padres a hijos, de generación en generación, para que la Sabiduría Celestial se propague y se mantenga iluminando a todo Yisrael, como también a las naciones gentiles; hasta que algún día: “la tierra estará tan llena del conocimiento de Yahwéh como las muchas aguas cubren el mar.” (Is.11:9). En la sabiduría hebrea, el concepto de “hijos” va más allá de los hijos de sangre; también abarca a quienes son enseñados como “hijos” no familiares, pues reciben educación que se transmite desde el Padre celestial, a hijos, y a hijos de hijos, etc.

“habla de ellas…”:  En todo momento y en todo lugar que se pueda se deben estudiar los Mandamientos del Eterno Yahwéh. Y eso debe ser un objetivo primordial en nuestras vidas. También de la misma manera se debe estar siempre dispuestos a hablar de tales mandamientos para enseñar a los demás donde y cuando sea.
Deut.6:8 y átalas como señal en tu mano, y que estén como insignias entre tus ojos;

Este mandato debe entenderse de manera espiritual, no literal. Las Palabras de Yahwéh deben guiar al israelita como si Él lo tomara de la mano, como un padre lleva del brazo a su hijo/a por la vida.  Esto significa que uno debe “poner” en su “brazo” la Palabra/Brazo de Yahwéh, es decir, disponer toda su voluntad para obedecer cada mandamiento, a fin de caminar correctamente sin tropezar (se orienta a la acción). Pero no sólo esto, también esas Palabras deben estar como “insignia” o “símbolo entre los ojos”; es decir, como director de la vista y de los pensamientos para caminar sin que se pierda la fidelidad ni la seguridad y sabiduría por la ceguera que causa la ignorancia o el error.  Y así como la certeza que se tiene sobre una afirmación de algo que se ve, así se debe tener la certeza de que la Palabra de Yahwéh, Su Torá, es Verdadera y eterna, y que no puede cambiarse.
Deut.6:9 y escríbelas sobre los marcos de tu casa y en tus portales.

Esas Palabras deben llenar el hogar con el estudio y, cuando se traspasa la puerta, debe uno recordar siempre los mandamientos para estar atentos a cumplir inmediatamente con el integrante de la familia.  Cuando se ingresa al hogar, al pasar por la puerta, uno debe despojarse de la “suciedad” mundana, preparando el ser para que se purifique practicando los mandamientos estudiados.

Todo lo que nos enseña el Shemá tiene que ver con intensificar nuestra relación personal con Yahwéh, tratar de oírle estudiando Sus Palabras para apegarnos a Él, de modo que podamos aprender e imitar sus Atributos para poder desarrollar el amor que Él enseña para con el prójimo, y así reflejar el amor celestial iluminando a las naciones.  Amando correctamente a Yahwéh, hará que se ame correctamente al prójimo.  Y como resultado final, será la glorificación al Único Todopoderoso para siempre siguiendo el ejemplo de amor perfecto que dejó su Hijo, el Mesías.

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