El Perdon da felicidad y libertad

El perdón es un regalo que el Todopoderoso nos da, es una oportunidad que Él nos brinda para que podamos desarrollar el verdadero amor hacia el prójimo y tener una vida más exitosa de acuerdo a su Voluntad. Aparte de esto, el perdón nos ayuda a encontrar la verdadera libertad y la felicidad.

La costumbre del mundo enseña que, para que una persona sea feliz, necesita ir a un determinado lugar, o estar con tal o cual persona de su preferencia. También dice que alguien es libre porque puede hacer lo que quiera. Pero en realidad son pensamientos erróneos, porque tanto la felicidad, como la libertad, dependen de la mente de cada persona, y se pueden experimentar donde queramos y con quienes sean, más aún teniendo el conocimiento de las sagradas Escrituras. Por ejemplo, se puede dar el caso de que una persona esté de vacaciones en un lugar de playas paradisíacas, pero afligido y sin disfrutar por falta de paz espiritual o mental, por problemas que arrastra desde tiempos atrás, como ser, cargar con rencor hacia alguien que le hizo un daño. Por otro lado, también puede darse el caso de una persona que cae presa por haber hecho algún delito y luego se arrepiente ante el Todopoderoso, como también pide perdón a quien haya provocado un daño y lo recibe. Esta persona se siente en paz y libre, aunque tenga que cumplir su condena tras las rejas.

La Biblia nos enseña lo importante que es pedir perdón y perdonar a los que nos ofenden. Nos ayuda a entender primeramente que, para poder recibir el perdón de nuestro Padre celestial, primero debemos perdonar a nuestro prójimo, como se nos aconseja en los Libros de Mateo 6:14, Lucas 6:37 y Marcos 11:26.

Sabemos que, en general, perdonar es un acto difícil de llevar a cabo, sobre todo cuando se piensa negativamente en que la otra persona debería ser la primera en pedir disculpas, cuando hubo agresión de ambos lados. O también, cuando se piensa que, al pedir perdón, esto es un acto de humillación, cosa que no es así. Tenemos que reconocer que el perdón nos libera de todas las ataduras que amargan, y que es un acto para lograr estar más cerca de nuestro Creador. Muchas veces esas ataduras que cargamos nos afectan, no sólo en el plano espiritual, sino también físicamente. Debemos tener en cuenta que todo lo emocional, si no se maneja bien, afecta nuestra salud. Todo aquello que está en la mente repercute en el cuerpo. Por eso nos aconseja Salomón, en Prov.4:23: “Más que todo lo que guardas, guarda tu mente, que ella es fuente de vida”. Porque, en realidad, de acuerdo a nuestra manera de pensar, positiva o negativamente, habrá una reacción en nuestro cuerpo que puede ser beneficiosa o perjudicial. También lo podemos ver en Prov.17:22 “Un corazón gozoso da buena salud; el desánimo seca los huesos”. Salomón nos enseña lo importante que es la salud mental, por eso hoy en día hay personas que se sienten enfermas y acuden al médico. Pero la raíz de su problema es emocional, causado por la ansiedad, el estrés, la falta de perdón y muchas otros hechos que favorecen la generación de enfermedades.

A continuación, repasaremos algunos pasajes para meditar.

En una historia muy conocida en la Toráh, en Génesis 45:4-5, nos muestra a un hombre como José (Yosef), quien había sufrido duramente por causa de agresiones de sus propios hermanos. Pero él, luego de un tiempo, volvió a encontrarlos y los perdonó. Este acto de sus hermanos, costaría a muchos de nosotros hoy en día perdonar y olvidar. Pero es allí donde en realidad demostramos quienes somos y qué hemos aprendido en la Escritura. El perdón de José hacia sus hermanos es un gran ejemplo a seguir.

En Prov 17:9: “Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de amor; quien insiste en ella, aleja al amigo.” (DHH)

El Perdón es el único camino que nos ayuda a construir esos puentes que nos unen el uno al otro. Y es lo que nos ayuda a aceptar a cada ser humano como es, siempre recordando que todos somos hijos creados por el mismo Elohim, que somos hechos a imagen y semejanza de Él.

El crecer espiritualmente nos ayuda a ver con otros lentes, que en esta vida no podemos tomar el papel de Juez, porque todos cometemos faltas, somos imperfectos, y de alguna manera vamos a caer y vamos a querer que nos perdonen. Esto tiene que cambiar en nuestra vida, debemos seguir trabajando para ser ese pueblo consagrado para nuestro Creador.

En 2 Crónicas 7;14 “Si mi pueblo que lleva mi nombre se humilla, si oran y buscan mi favor y se apartan de sus malos caminos, entonces Yo oiré desde mi morada celestial y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.” (VIN)

Sólo si cambiamos nuestras malas conductas, si dejamos muchas cosas negativas, entre ellas, el resentimiento, podemos buscar el perdón del Eterno y nos irá bien.

En Miqueas 7: 18-19 ¿Quién es un Êl como tú, que perdona la maldad y remite la transgresión; que no ha mantenido su ira para siempre contra el remanente de su propio pueblo porque se deleita en la bondad? Volverá a aceptarnos en amor; cubrirá nuestras maldades, tú arrojarás todos nuestros pecados a las profundidades del mar. (VIN)

En este verso aprendemos de nuestro Padre celestial cuál es el verdadero perdón. Vemos que Él nos perdona y olvida. Aquí, el tema de olvidar es dejar en el pasado la ofensa que nos hicieron, sanar completamente. Hay muchos que suelen decir: “yo perdono, pero nunca olvido”. Esto sucede cuando, en determinada ocasión, llega uno a encontrarse con la persona que nos ofendió y traemos a memoria lo que nos hizo. Por tal razón, eso significa que nunca existió el perdón, o sólo fue de palabras. Nuestro Padre celestial quiere que sigamos sus pasos; Él es nuestro ejemplo a seguir. Sabemos que no es fácil olvidar, pero con la ayuda de su Palabra, que es la que nos limpia, podemos trabajar en eso.

Todo lo que debemos hacer es estudiar las Escrituras, llevar a la práctica sus enseñanzas, y trabajar en las áreas de nuestra vida que son débiles para no caer. No permitamos que las distracciones de este mundo nos quiten el deseo de buscar en oración a nuestro Padre celestial, porque sólo con esa conexión alcanzamos a tener conocimiento que nos lleva a desarrollar el verdadero amor hacia los demás.

Meditemos: ¿Queremos de verdad practicar el amor al prójimo como a uno mismo, obedeciendo a nuestro Padre celestial? ¿Hay algo en nosotros que pueda impedir lograr ese amor? ¿Hemos perdonado realmente para amar de verdad?

Bendiciones! Milkah

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