Teshuvá (Arrepentimiento) Por Miguel Grullon

El término hebreo “teshuvá“, tiene su raíz “shuv“, que significa “volver“, “dar vuelta“, “regresar“, “retornar” (diríamos, dar un giro de 180º). Vamos a ver lo que dice la Escritura o Biblia: ¿A quiénes se les aplica? ¿A quiénes se les lleva ese mensaje sobre el arrepentimiento? Lucas 24:47 nos dice: “…y que en su nombre se proclamara el arrepentimiento y el perdón de los pecados en todas las naciones, comenzando desde Yerushaláyim [Jerusalem]”.

El arrepentimiento es el retorno a Yahweh, el Padre celestial. Pero no es solamente para los judíos; no es para una un pueblo en particular, sino para TODAS LAS NACIONES, porque todas las naciones son pecadoras. Todos somos pecadores; ya sea judío, cristiano, gentil, porque todos pecaron”, como señala Romanos 3:23.

Hay pecadores que se han arrepentidos, otros no. Es una gran diferencia: ¿Quiénes son llamados al arrepentimiento? El gran Maestro Yahoshúa nos dice en Lucas 5:32: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Y esto se le debía predicar generalmente a todas las naciones. Está claro que nuestro redentor hizo grandes milagros de sanación física, no vino a los que están sanos, sino a los enfermos, en el sentido también espiritual (Lucas 5:31; Marcos 2:17).

Ahora bien, ¿cómo puedo saber que soy pecador? En todos las iglesias se predica contra el pecado, proclamando: “Dios ama al pecador”, como dicen ellos, pero ¿qué cosa es un pecador, qué cosa es pecado? En I Juan/Yohanán 3:4 claramente lo dice: “Todo el que comete pecado también infringe la ley, pues el pecado es transgresión de la ley”. Sabemos que se refiere a la Toráh, a la Lley de los mandamientos de Yahwéh.

Por otro lado, podemos leer un recuento interesante en Romanos 3:20-24, que nos dice lo siguiente: “Así que por obras legales nadie se justificará delante de él; pues la función de la Torah es definir el pecado. Pero ahora, independiente de la Torah, se ha manifestado un indulto que concede Yahweh, atestiguado por la Torah y los Profetas; indulto que Elohim concede por medio de la fe en Yahoshúa el Mesías a todos los que creen, sin distinción; porque todos pecaron y están privados de la gloria de Elohim. Son declarados justos gratuitamente por un favor suyo, mediante la redención realizada por el Mesías Yahoshúa.

Es importante saber que tenemos aquí un principio espiritual; por medio la Ley de la Torah, adquirimos el conocimiento del pecado y somos justificados por medio de la fe en el Mesías. ¿Qué es la Torah? A los primeros cinco libros de las escrituras (pentateuco) que se le atribuyen a Mosheh, se le llama La Torah, lo que quiere decir instrucción. Se dice que hay 613 mandamientos, pero muchos no se aplican a nosotros hoy: no vivimos en Yisrael, no tenemos un Templo; están resumidos en diez mandamientos, como podemos verlos en Éxodo 20. Entonces, es necesario acudir a la Torah para saber lo que es pecado.

Es una regla universal, veamos lo que dice el apóstol Shaúl: “Entonces, ¿Qué? ¿Les llevamos [nosotros los judíos] alguna ventaja? Claro que no; porque ya hemos acusado tanto a judíos como a gentiles, de que todos están sujetos al pecado” (Romanos 3:9). Es lógico que todos, sin excepción, estamos bajo la Ley, de la condena del pecado, todos hemos pecado.

Por otro lado, ¿cómo es que sabemos o nos convencemos del pecado? Veamos lo que dice Jacobo, conocido también como Santiago 2:9: Pero si tienen favoritismos, cometen pecado y quedan reprobados por la Torah como transgresores“. Somos convictos y nos convencemos por medio de la Ley, de la Torah, qué es lo que define o dice lo que es pecado. Si hay algo que está prohibido en la Ley del Todopoderoso, eso es pecado. Si hay algo que no lo prohíbe, no es pecado.

En los siguiente pasajes de Juan 16: 7-8; 13-14, podemos encontrar varios conceptos que nos pueden aclarar  ciertas enseñanzas de nuestro Maestro Yahoshúa:

“Pero yo les digo la verdad: les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el defensor no vendrá a ustedes. Y si me voy, se lo enviaré. “Cuando ese venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Y cuando venga el espíritu de la verdad, ese los guiará a toda la verdad; pues no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga y les anunciará las cosas venideras. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.

El Mesías nos habla de varias cosas: de irse al cielo, de lo contrario no vendría el consolador que no es otro que el espíritu de Santidad que emana del Padre y del Hijo. Es lo que nos convence que somos pecadores cuando estamos en violación de la Torah, de la ley del Todopoderoso Yahweh. Además define que cuando viniere nos “guiará a toda la verdad”. No es que haya una trinidad como muchos creen, por lo que no podríamos ahora entrar en este tema, pero podría ser estudiado en otra oportunidad.

Cuando Shaúl y Sila estaban presos y sobrevino un gran terremoto quedando las puertas de la cárcel abiertas, cuando el carcelero despertó estaba a punto de matarse al creer que los presos habían escapados, pero Shaú le gritó que no lo hiciera, pues todos estaban allí. El carcelero dijo: “Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?” Ellos dijeron: Cree en el Maestro Yahoshúa y te salvarás, tú y tu casa”. Todo este recuento está en Hechos 16.

Aquí vemos un gentil violador de la ley, cuando se convence, pregunta ¿qué hacer para salvarse? Vemos que primero hay que hacer algo, no tan solo decir “ay, me arrepiento” y luego sigo mi vida y no hay nada más. Eso es un falso arrepentimiento. Es lo que sucede con muchos hoy en las iglesias que dicen haberse entregado al Padre, pero siguen en su camino pecaminoso violando la ley. Eso no es un arrepentimiento verdadero. Hay que hacer algo. Primero hay que creer en Yahoshúa como nuestro redentor (goel), que se entregó así mismo por los pecados del mundo; hay que arrepentirse (teshuvá) de violar la ley; como dice el Salmo 38:18 “por eso te confieso mi maldad, pues me aflige mi pecado”. Luego hay que recibir la inmersión para ser perdonado y recibir el don del espíritu de santidad como lo indica Hechos 2:38:

“Entonces Shimón les dijo: “Arrepiéntanse y sumérjase cada uno de ustedes en el nombre de Yahoshúa el Mesías, para que se les perdonen sus pecados, y recibirán el don del espíritu de santidad”. 

 ¿Qué cosa es arrepentirse? ¿Cómo es que se vuelve al Padre? El Padre está en el cielo, no es ser llevado al cielo, no es un arrobamiento especial que dicen sentir algunos y piensan que eso es volver al Padre, no tiene nada que ver con eso.

Hay que sentir una tristeza, un dolor por haber violado la ley, la Torah; por los pecados que hemos cometidos; y no es sólo cuestión de ponerse triste, hay que hacer algo más:

“Porque la tristeza que agrada a Elohim produce arrepentimiento para salvación, de lo cual no hay que lamentarse; pero la tristeza del mundo produce la muerte” (II Corintios 7:10).

Debemos apartarnos de las ofensas, de las cosas malas que hacíamos antes: borracheras, blasfemia, violación del shabat, adulterio, fornicación, mentiras, etc.

“Echen de ustedes todas sus transgresiones que han cometido, y adquieran un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habrán de morir, oh casa de Yisrael? ” (Ezequiel 18:31).

Después del arrepentimiento, implica que somos muertos al pecado: “¿Qué concluimos entonces? ¿Permaneceremos en el pecado para que se aprecie mejor el favor? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto para efectos del pecado, ¿cómo vamos a vivir todavía en él? “ (Romanos 6: 1-2).

La Ley ya no nos señala ni nos condena como pecadores; no como señalan muchos por ahí diciendo: “La ley fue abolida y no hay que guardarla porque ya estamos bajo la gracia”, pero no entienden que la ley está vigente y sigue señalando al pecador. Pero los que hemos muertos al pecado en el Mesías, la Ley ya no nos señalas para los efectos del pecado, no tenemos pecado si estamos en el Mesías.

Los que dicen que la ley fue abolida en el calvario, hay que tener mucho cuidado con eso. Si fue abolida la ley del Todopoderoso como muchos dicen que, no importa lo que usted cometa porque no hay ley, que el Mesías la cumplió por nosotros, pero ya vimos que pecado es transgresión a la Ley. Si no hay Ley, no hay pecado.

En I Juan 3:8 nos dice que El que practica el pecado es del Acusador, porque el Acusador peca desde el principio. Para esto fue manifestado el Hijo de Elohim: para deshacer las obras del Acusador“. Hay una gran diferencia entre uno que supuestamente se arrepiente y sigue en lo mismo, cometiendo pecados que hacía antes, no se ha arrepentido sinceramente, es un falso arrepentimiento.

Isaías 66: 2 nos dice:  Mi mano hizo todas estas cosas, y así todo llegó a existir –declara Yahweh. Sin embargo, a éste miraré con aprobación: al que es pobre y contrito de espíritu, que se ocupa de mi palabra“. Es la cualidad de un verdadero arrepentido.

Y en I Juan 1:9 dice que si confesamos nuestros pecados entramos en el Mesías: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad“. Morimos al pecado, nos apartamos del pecado; entonces empezamos a obedecer al padre y permanecemos en el Mesías. Él nos perdona de todos nuestros pecados y nos limpia de toda maldad.

¿Cómo nos limpia de todos pecados? En I Juan1:7 lo dice: “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Yahoshúa nos limpia de todo pecado“. La sangre del Mesías derramada en el Gólgota por la humanidad tiene un mérito infinito, suficiente para salvar a toda la humanidad, si toda la humanidad se arrepintiera y entran en comunión con el Padre a través de Su hijo Yahoshúa.

Tremenda promesa hermanos: ¿Hacia quién es que debemos arrepentirnos? Hechos 20:21 nos da la respuesta: …testificando a los yahuditas y a los griegos acerca del arrepentimiento para con Elohim y la fe en nuestro Maestro Yahoshúa”. Es claro que  tenemos que ejercer fe en nuestro Maestro Yahoshúa, pero el arrepentimiento precede a la fe como lo indica en Marcos 1: 14-15: Después que encarcelaron a Yojanán, Yahoshúa vino al Galil proclamando la Buena Noticia de Elohim, y diciendo: “Se ha cumplido el tiempo, y se ha acercado el reino de Yahweh. ¡Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia!.

Después del arrepentimiento por haber cometido pecado, tiene que haber una evidencia; una muestra necesaria es también producir frutos, como lo indica Mateo 3:8: “Produzcan frutos que demuestren su arrepentimiento…” Los que nos hemos arrepentidos, empezamos a obedecer la ley. Una vez conocemos la ley, la Torah, la voluntad del Todopoderoso Yahweh, empezamos a cumplir Su voluntad. Hay que volver al Padre en obediencia a Su ley santa. Hay que obedecer la palabra.

¿Qué es obedecer la palabra? Es hacer lo que dice la palabra, obedecer al Padre, guardando Sus mandamientos. Apocalipsis 22:14 nos dice: Felices los que guardan Sus mandamientos, para que tengan derecho al árbol de la vida y para que entren en la ciudad por las puertas.

Es evidente que sí hay un grupo que guardan los mandamientos del todopoderoso, para agradarle; esto no es solo para los judíos como muchos insinúan, sino para toda la humanidad

Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y se fue para hacer guerra contra los demás descendientes de ella, quienes guardan los mandamientos de Yahweh y tienen el testimonio de Yahoshúa el Mashíaj. Y él se puso de pie sobre la arena del mar” (Apocalipsis 12:17).

Miremos el consejo de Shaúl a Tito 2: 11-12: “Porque el favor salvador de Elohim se ha manifestado a todos los hombres, enseñándonos a vivir de manera prudente, justa y piadosa en la era presente, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas…”

De eso se trata, de apartarse del pecado y la impiedad, apartarse de pecado significa dejar de violar la ley; es obvio que el arrepentimiento implica que tenemos que empezar a obedecer la ley del todopoderoso Yahweh. Tener nuestro corazones en el Padre y en Yahoshúa nuestro salvador. Estar dispuesto a renunciar a la impiedad que no es otra cosa que el pecado, violación a la ley del Elohim de Yisrael.

Resumiendo, una vez nos arrepentimos y por medio de la fe decidimos la preparación para la inmersión, el Espíritu de Santidad nos guiará a conocer toda la verdad, nos ayudará hacer lo que es justo y correcto, a caminar en justicia, obedeciendo las leyes de nuestro Padre celestial.

Es un nuevo reto para seguir creciendo en gracia y conocimiento, siguiendo los pasos de nuestro Mashíaj. Por medio del espí1ritu de santidad podemos vencer las cosas de este mundo, nuestra naturaleza y el maligno, el príncipe de la tiniebla y la potestad del aire: Más bien, crezcan en el favor y en el conocimiento de nuestro Maestro y Salvador Yahoshúa el Mashíaj. A él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (II Pedro 3:8).

Debemos seguir este camino de vida que nos hemos trazados en el llamamiento de nuestro Creador (Juan 6:44), hasta llegar a la culminación de practicar lo que es justo, haciendo el bien en obediencia, desarrollando carácter en su cabalidad. Que seamos sin mancha ni arruga como lo indican las escrituras porque ciertamente el Mashíaj, el cordero del Altísimo se casará con una novia inmaculada. …para presentársela a sí mismo como una comunidad gloriosa que no tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que sea santa y sin falta” (Efesios 5:27).

Entonces hermanos y hermanas, tenemos que prepararnos para esa boda, un gran evento glorioso sin precedente en la historia de la humanidad; tenemos que purificarnos, santificarnos, porque nadie que no esté purificado y en santidad, podrá ver al Todopoderoso Yahweh. “Procuren la paz con todos, y la santidad sin la cual nadie verá a Yahweh” (Hbreos 12:14). Es un camino que implica mucho sacrificio, entrega y persistencia. Este camino de vida es lo que no llevará a obtener la promesa divina de una corona de vida, de salvación eterna. “Feliz el hombre [el ser humano] que persevera bajo la prueba; porque, cuando haya pasado la prueba, recibirá la corona de vida que Elohim ha prometido a los que lo aman” (Santiago 1:12). “Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Maestro, el Juez justo, en aquel día. Y no sólo a mí, sino también a todos los que han amado su venida” (II Timoteo 4:8).

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