Estudio sobre el Libro Eclesiastés. Parte 4

Eclestiastés 4

El Convocador dice, acercándose a la conclusión, y dando consejos:

Pero aunque el hombre viva muchos años, y en todos ellos tenga gozo, considere empero que muchos más serán los días de oscuridad. ¡Todo cuanto viene es vanidad!Ecl.11:8 (TXT 3ra.Ed.)

A los jóvenes les advierte que serán muchos más los momentos de aflicción, de pruebas en la fe, peor aún si no tiene fe. Por eso lo que se experimentará es vanidad, como se dijo antes, todo lo relacionado con el mundo y no con lo espiritual; con la vida en la carne, con el egoísmo, con el orgullo, con la falta de amor al prójimo. Entonces dice luego:

Alégrate, oh joven, por tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu mocedad. Anda en los caminos de tu corazón, y tras la vista de tus ojos, pero ten en cuenta que por todas estas cosas, te juzgará Ha-’Elohim. Aparta, entonces, la frustración de tu corazón, y aleja el mal de tu carne [cuerpo], porque la mocedad y la juventud son vanidad.Ecl.11:9-10 (TXT 2010)

El sabio Shelomóh (Salomón) aconseja al joven disfrutar la vida completamente, pero sin olvidarse de que será juzgado por el Todopoderoso al final de los tiempos. La adoslecencia y la juventud duran poco, por eso se debe disfrutar con alegre corazón y evitando dañar su cuerpo de cualquier manera, ya que los daños causan efectos que se agravan con el tiempo. Los diferentes tipos de daños pueden ser causados por el cigarrillo, por las bebidas alcohólicas, por las drogas, por la pornografía, por el juego por dinero, etc. El no olvidarse del Juicio implica el siguiente consejo:

Acuérdate de tu Gran Creador en los días de tu juventud: antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: “Ya no tengo placer en ellos”.Ecl.12:1 (VIN)
[Acuérdate de Él] antes que se rompa el cordón de plata y se destroce el tazón de oro; antes que el cántaro se quiebre junto al manantial, y la rueda se rompa sobre el pozo. Es que el polvo vuelve a la tierra, como era; y el espíritu vuelve a ha’Elohim, quien lo dio.Ecl.12:6-7 (VIN)

En la juventud uno está libre de muchas preocupaciones que llegan en la adultez, porque cuenta en general con el sustento y atención de sus padres. Y en esa etapa dice el sabio que debe acordarse del Creador, ¿de qué manera? pues buscando conocerLe estudiando las Escrituras donde hablan de Él, donde están sus Enseñanzas. Y eso antes de que llegue el período difícil cuando el joven se hace adulto y debe luchar en su vida solo. Sin embargo, esa soledad no sólo se rompe con el matrimonio, en la mayoría de los casos; sino, más aún, por acordarse del Creador en la juventud, porque si no, cuando llegue a la adultez puede estar contaminado por los engaños del mundo. Y cuando uno llega de la Mano del Creador, ya no cuenta con el sustento total de los padres, pero sí del Padre Celestial, Quien guiará y sustentará en todo de acuerdo a la fe de estar conectado con Él. Y acordarse siempre en la juventud, porque dejar para más adelante andar con Yahwéh puede ser riesgoso, ya que no sabe cuándo será su momento de partir de esta vida. Nadie tiene asegurado llegar a la adultez o a la ancianidad. Por eso hay que aprovechar el tiempo de la juventud, cuando las energías están fuertes. Hay que aprovechar el presente, pues como dije, no se tiene asegurada la vida futura en este mundo. Y recordar lo que dijo David (en Salm.119:9, VIN): “¿Cómo podrá un joven mantener puro su camino? -aferrándose a Tu Palabra.“. O sea, a los Mandamientos de Yahwéh. La pureza guardada en la juventud es un gran remedio contra el mal, pues de lo contrario uno puede descarriarse por malos caminos, esos que aborrece el Todopoderoso. La juventud debe ser aprovechada para hacer la Voluntad de Yahwéh, según el ejemplo del Mesías, para que de adulto no sea más difícil limpiar contaminaciones espirituales.

Y entonces, ¿cuál es la conclusión del Libro del Convocador?

Así que no hay nada mejor para el hombre que comer y beber, y hacer que su persona vea lo bueno de su trabajo. Yo he visto que esto también proviene de la mano de ha’Elohim. Pues, ¿quién comerá y se regocijará separado de Él? Porque al hombre que es bueno delante de Él, Él le da sabiduría, conocimiento y alegría; pero al pecador le da la tarea de acumular y amontonar, para que lo deje al que es bueno delante de ha’Elohim. También esto es vanidad y correr tras el viento.Ecl.2:24-26 (VIN)

El hecho de disfrutar la vida llena de vanidades depende del Todopoderoso Yahwéh. Toda posibilidad de disfrutar sanamente proviene de Él. Por ello es tan importante lograr un relación íntima con Yahwéh y agradarLe con obediencia para alcanzar sabiduría. Y ese camino lleva al regocijo espiritual feliz, sea lo que sea que le toque vivir. De lo contrario, la vida se torna injusta y llena de vanidades que sólo producen aflicción, con una sensación de no alcanzar gozo por no tener correctamente la esperanza de vivir en el mundo venidero perfecto, o sea, correcta fe. Y por tal razón luego dice:

La conclusión del asunto, después de oírlo todo, es ésta: Respeta a ha’Elohim y guarda sus mandamientos, pues esto es el deber de todo hombre. Porque ha’Elohim traerá a juicio toda acción junto con todo lo escondido, sea bueno o sea malo.Ecl. 12:13-14 (VIN)

Venimos al mundo con el deber de respetar al Todopoderoso y de aprender a observar sus mandamientos. Para eso el Creador nos da vida. Pero, en general, a la humanidad no le importa, no le gusta, prefiere revolcarse en las cosas mundanas, en los deseos carnales, en vicios, probando todo tipo de mal. No toma en cuenta que está desperdiciando la vida en vanidades, en cosas sin sentido que no sirven para cuando llegue el juicio celestial, para superarlo con el premio de una vida perpetua y perfecta. Porque cuando llegue ese juicio y se ha desperdiciado la vida, no tendrá más oportunidad y se lamentará infinitamente, sabiendo que se pierde el mundo perfecto que viene. Este mundo está degradado por la maldad humana y cada tiempo empeora más. ¿Por qué uno se conforma con este mundo, o con esta vida, sufriendo constantemente por estar alejados de Yahwéh y del Mesías? ¿Por qué no se aferran a las promesas del Altísimo? Como cuando dijo:

Que este Libro de la Toráh nunca cese de tus labios, sino que lo recites día y noche, para que observes fielmente todo lo que está escrito en él. Solamente entonces prosperarás en tus empresas y sólo entonces tendrás éxito. Lo que te encargo es que seas fuerte y resuelto; no te atemorices ni te desanimes, que Yahweh tu Elohim está contigo dondequiera que vayas.Josué.1:8-9 (VIN)

El Libro de la Toráh representa todos los Mandamientos dados por Yahwéh a los antiguos y a los profetas, más aún según las enseñanzas del Mesías. Que “nunca cese de los labios” también significa estudiar continuamente Su Palabra; mantenerse en plegarias; y enseñar a otros a enderezar sus caminos. Esa manera de vivir traerá muchas bendiciones que provocarán gozo abundante, gozo a nivel espiritual, no alegrías mundanas. La obediencia al Amo del Universo hace que la vida tenga sentido, que la mente no se aflija por las vanidades. Pero, como dice el versículo 9, hay que ser valiente y esforzarse para obtener lo bueno, pues no todo vendrá de regalo, aunque los habrá por la infinita compasión de Yahwéh. Debemos salir de la vanidad, de la costumbre común de la humanidad alejada del Creador, para acercarnos a Él y ser diferentes para agradarLe (no a personas). Eso significa buscar la santidad por medio de la obediencia a los Mandamientos, recordando lo que dijo Shaúl (Pablo en Heb.12:14, VIN): “Procuren la paz con todos, y la santidad sin la cual nadie verá a Yahwéh.“. Por eso también decía el apósto Pablo, sobre todo a los que decidieron creer en el Mesías:

Esto digo e insisto en el Maestro: que no se conduzcan más como se conducen los gentiles, en la vanidad de sus mentes, teniendo el entendimiento oscurecido, alejados de la vida de Elohim por la ignorancia que hay en ellos, debido a la dureza de su corazón. Una vez perdida toda sensibilidad, se entregaron a la sensualidad para cometer ávidamente toda clase de impurezas. Pero ustedes no han aprendido así al Mesías, si en verdad lo han oído y los han enseñado en él, así como la verdad está en Yahoshúa. Con respecto a su antigua manera de vivir, despójense del viejo hombre que está viciado por los deseos engañosos; pero renuévense en el espíritu de su mente, y vístanse del nuevo hombre que ha sido creado a semejanza de Elohim en justicia y santidad de verdad. Ef. 4:17-23 (VIN)

Ese hombre nuevo es un “hijo de Elohim”, hijo del Todopoderoso, que se diferencia del actuar común de las naciones gentiles. Esa persona que “nace de nuevo” (como enseñó el Mesías en Juan 3:3-5) limpiará la vanidad de su mente, es decir, la purificará para que busque las cosas celestiales, para que haga la Voluntad de Yahwéh, según el ejemplo del Mesías. Por eso decía el siguiente Salmo:

Yahwéh conoce que los pensamientos de los hombres son vanidad. Feliz el hombre a quien tú corriges, oh YaH, y educas en tu Torah, para darle tranquilidad en los días de adversidad, mientras al malvado se le cava un hoyo. Porque Yahwéh no desampara a su pueblo ni abandona a su heredad, sino que volverá a imponerse la justicia y se irán con ella todos los rectos.Salm.94:11-15 (VIN)

Quienes quitan de sus mentes la vanidad de querer vivir según el mundo alejado del Altísimo, permitirán que Yahwéh les corrija con sus Mandamientos para alcanzar felicidad, ese gozo espiritual que es distinto a tener pequeñas alegrías. Esa felicidad trae calma, trae sosiego, quita toda ansiedad y trae paz espiritual en medio de tantos días malos y “correr tras el viento”; tal como Yahwéh dijo por medio del profeta Jeremías (en Jer.6:16, VIN): “Así ha dicho Yahwéh: Párense por los caminos y consideren, pregunten por las sendas antiguas: ¿Cuál es el camino a la felicidad? Caminen por él, y hallen tranquilidad para sus vidas. Pero ellos dijeron: ‘¡No caminaremos por él!’ “.

Cada uno es libre de elegir qué camino escoger. O el lleno de vanidades que ofrece el mundo y que causa mucha aflicción; o el que ofrece el Todopoderoso, con el favor inmerecido de la obra redentora de su Hijo, el Mesías, para alcanzar la felicidad aún en esta vida, como probando bocaditos de la felicidad total y eterna que viene con la próxima vida perfecta. Para andar por este último camino se nos da vida, no para que digamos: “¡No caminaremos por él!“, perjudicándonos a nosotros mismos y a nuestros prójimos. Sepamos escoger la buena vida, obedeciendo a Yahwéh el Todopoderoso, con plena fe en el regreso del Mesías, siguiendo su ejemplo de vida para obtener el premio prometido. Amén.

Estudio sobre el Libro Eclesiastés. Parte 3

Eclestiastés 3

Continuando con el estudio, también dijo el convocador:

Porque lo que ocurre con los humanos y lo que ocurre con los animales es lo mismo: Como es la muerte de éstos, así es la muerte de aquéllos. Todos tienen un mismo aliento; el hombre no tiene ventaja sobre los animales, porque todo es vanidad. Todo va al mismo lugar; todo fue hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.Ecl. 3:19-20 (VIN)

Con estas palabras, a simple lectura literal, parece que sólo nos dice que ningún ser vivo tiene ventaja, porque todos pierden la vida y vuelven al polvo de la tierra. Sin embargo, cuando habla de que todo es vanidad, podemos extraer de ese concepto un mensaje más profundo. Y el hecho de la vanidad está relacionado con esa falta de ventaja que el ser humano puede tener, más allá de experimentar la misma muerte que el animal. ¿Cuándo la vida de una persona se vuelve vanidad? Cuando vive semejante a un animal, y muchas veces peor, sin usar correctamente su razón, que es lo que la diferencia naturalmente del animal. El Todopoderoso creó al ser humano para que usara su inteligencia en busca de conocer a su Creador, más que para querer dominar el mundo. Pero si sólo hace esto último, esa inteligencia se transforma en vanidad, y vivirá semejante a un animal, aunque tenga mayor inteligencia. Eso ocurre porque esa persona vive esclava de sus pasiones carnales, descuidando su vida espiritual, sin conectarse con el Amo del Universo. Y en esa manera de vivir no se distingue de los animales. No es extraño encontrar reacciones humanas violentas, por ejemplo, lo cual nos hace pensar que se desperdicia la mente actuando como animales salvajes. Lo mismo pasa con las costumbres adúlteras o lujuriosas; con las adicciones al dinero o a bienes materiales; con la búsqueda desmedida de riquezas; etc… Por eso dice la orden de Yahwéh que mencionamos antes (en Salm.32:9, VIN) “Pero no seas irracional, como el caballo o el mulo, cuyo brío hay que domar con freno y bocado; ¡lejos esté de ti!“. Para escapar de la vanidad de vivir como un animal es necesario espiritualizar la vida racional, lo cual permitirá andar haciendo la Voluntad de Yahwéh para que la vida tenga un sentido sublime, honrando la existencia según la Guía del Creador Todopoderoso.

También dijo el convocador:

De la misma manera, he visto que todo trabajo y toda buena obra son resultado de la rivalidad del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.Ecl. 4:4 (VIN)

Estas palabras se pueden aplicar a las peleas políticas, donde no hay nadie honesto y todos son esclavizados por la codicia material. La mayoría, si no todos, buscan enriquecerse haciendo falsas promesas o dejando de lado verdaderamente la ayuda al prójimo. Para hacer buenas obras que no sean por vanidad ni aflijan al espíritu, hay que dejar de lado la sabiduría terrenal, la que no es inspirada por Yahwéh mediante su Espíritu de Santidad. Por ello es bueno recordar las palabras de otro emisario nazareno de nombre hebreo Yaaqov, también conocido como Santiago:

¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? ¡Que demuestre por su buena conducta sus obras en la mansedumbre propia de la sabiduría! Pero si en sus corazones tienen amargos celos y contiendas, no se jacten ni mientan contra la verdad. Esta no es la sabiduría que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal y del Acusador. Porque donde hay celos y contiendas, allí hay desorden y toda práctica perversa. En cambio, la sabiduría que procede de lo alto es primeramente pura; luego es pacífica, tolerante, complaciente, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial y no hipócrita. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquéllos que hacen la paz.Stg.3:13-18 (VIN)

La sabiduría terrenal predomina en la humanidad, y es “animal” porque genera contiendas por el ego de cada uno que quiere imponerse sobre los demás, con hambre de poder dominador, lucha que se caracteriza por la llamada “ley de la selva” o “ley del más fuerte”. Un filósofo decía que “el hombre es un lobo para el hombre”, pues vive en un estado de guerra permanente para sobrevivir o satisfacer sus necesidades, hasta de su propio ego, incluso violando la libertad y derecho de otro.

Además de “animal”, también se traduce como “sabiduría natural”, pues las decisiones se toman por la razón desprovista de una dirección espiritual  y celestial. Esto concluye en la abundancia del egoísmo, donde el hombre terrenal busca hacer el bien violando derechos ajenos, y eso se entiende como violar los Mandamientos del Altísimo. ¿Y por qué es también del “Acusador”? En general, las versiones dicen que la sabiduría terrenal es “diabólica”. Quienes no conocen el entendimiento hebreo de lo que se refiere, no captarán el correcto mensaje. Lo que en cristianismo se conoce como “diablo” o “satanás”, en hebreo es “satán”. No es el nombre de un ser, sino un sustantivo, y se traduce como “acusador” y “adversario”. Este ser fue creado por el Todopoderoso para probar a la humanidad con sus influencias e intervenciones, para ver si la gente obedece a Yahwéh o no. Cuando las personas fallan, este ser las acusa ante el Tribunal Celestial de jueces. Esto es lo que muestra el Libro de Job, con el satán teniendo permiso del Todopoderoso para que Job fuera probado en su vida.

La rivalidad del hombre contra su prójimo se apoya en la sabiduría terrenal y, en consecuencia, el hombre se esclaviza al dinero y a lo material. Por eso luego el Convocador dice:

El que ama el dinero no quedará satisfecho con dinero, y el que ama las riquezas no tendrá beneficio. También esto es vanidad.Ecl.5:10 (VIN)

Quienes están apartados del Todopoderoso Yahwéh, quienes no viven de acuerdo a Su Sabiduría, nunca estarán satisfechos con las ganancias de dinero o la obtención de riquezas. Al contrario, terminan siendo esclavos del dinero o cosas materiales. La población mundial sufre por el dinero, por el egoísmo de los que nunca se sacian y no quieren compartir. Por esa falta de amor celestial abunda el hambre y la indiferencia hacia el prójimo. El apóstol Shaúl ha dicho:

Porque nada trajimos a este mundo, y es evidente que nada podremos sacar. Así que, teniendo el sustento y con qué cubrirnos, estemos contentos con esto. Porque los que desean enriquecerse caen en tentación y trampa, y en muchas pasiones insensatas y dañinas que hunden a los hombres en ruina y perdición. Porque el amor al dinero es raíz de todos los males; y codiciándolo algunos, se descarriaron de la fe y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores. Pero tú, oh hombre de Elohim, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia, la mansedumbre.1Ti. 6:7-11 (VIN)

Por tal razón el que ama el dinero ama la vanidad, ama la aflicción y la esclavitud carnal. Todo tipo de males trae ese amor mundano y daña a mucha gente, no sólo al que lo tiene. Por ello la humanidad gime y sufre; por ello las guerras que causan más pobreza. En el mundo predomina la sabiduría terrenal, la que no es inspirada por Yahwéh, sino por espíritus malignos o el Adversario de la humanidad. Y por tal razón es cosa grave alejarse de la Sabiduría Celestial, o sea, de las instrucciones del Altísimo, quedando expuesto al peligro de la perdición sin protección celestial. Le decía Pablo a su exhortado: “Pero tú, oh hombre de Elohim, huye de estas cosas…“. Un persona de Elohim, o sea, del Todopoderoso, debe huir de lo mundano, del excesivo apego a lo material, y de la sabiduría terrenal. Debe apegarse a Yahwéh buscando sus enseñanzas, orando siempre para conectarse con Su Espíritu para recibir Su Sabiduría y guía.

Hay otra rivalidad entre el hombre y su prójimo para buscar hacer una buena obra, y que se considera vanidad. Es la rivalidad entre personas que buscan obtener sabiduría y enseñar. Muchas personas tropiezan porque se dejan llevar por la sabiduría terrenal, la natural o del Acusador. Buscan gloria mundana, ser famosas para que las aplaudan considerándose “maestros”. Por eso inflan sus egos y se creen sabias cuando no lo son (o se creen las únicas con capacidad de enseñar); incluso algunos se acostumbran a discutir para imponer sus creencias, llegando a veces a faltar el respeto a personas ancianas con experiencia. Y esto abunda por doquier en las religiones, donde se aprovechan de la gente con un formato rígido estructural, llamándole orden, cuando en realidad es otra cosa. Por eso hay que recordar muy bien cuál es el fruto de la sabiduría celestial, según mencionó Yaakov: “En cambio, la sabiduría que procede de lo alto es primeramente pura; luego es pacífica, tolerante, complaciente, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial y no hipócrita. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquéllos que hacen la paz.“.

Continuará…

Estudio sobre el Libro Eclesiastés. Parte 2

Eclestiastés 2

Yo dije en mi mente: ‘Ven, te voy a probar con el placer, y vas a ver lo bueno’. Pero vi que esto también era vanidad.Ecl.2:1 (VIN)
No les negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni le rehusé a mi mente placer alguno; porque mi mente se alegraba de todo mi duro trabajo. Esto fue lo que me tocó de todo mi duro trabajo. Luego consideré todas las cosas que mis manos habían hecho y el duro trabajo con que me había afanado en hacerlas, y vi que todo era vanidad y correr tras el viento; no había ningún provecho debajo del sol.Ecl. 2:10-11 (VIN)

Aquí el Convocador toca un tema importante: la búsqueda del placer, y menciona la vista como uno de los sentidos que más se utiliza para ello. Como dicen los Sabios judíos: “cuando el ojo ve, la mente desea, y el cuerpo actúa”. Y entre Sus mandamientos el Altísimo, cuando ordenó a los israelitas llevar flecos (tzitzit) en los bordes de sus vestimentas, ha dicho: “Esos serán flecos de ustedes, y cuando los miren recordarán todos los mandamientos de Yahwéh y los cumplirán. Así, no irán tras los deseos de sus corazones [mentes] y de sus ojos, en pos de los cuales ustedes se desvían.” (Núm.15:39, Torat Emet adapt.). La lujuria; la ambición sin límite de dinero; el adulterio; y todo tipo de codicia; empiezan por los ojos y tientan a la mente para que peque. Buscar esos placeres terminan por alejar de hacer la Voluntad del Eterno, por lo cual es pura vanidad, no tiene sentido, no sirve para nada, sólo para provocar daños. Como resultado de vivir en medio de esas vanidades sin seguir los mandamientos de Yahwéh, uno puede quedar esclavo de los placeres y hasta llegar a caer en grandes adicciones. Porque al preferir esa esclavitud, se pierde la presencia del Espíritu de Santidad de Yahwéh en el espíritu, con el cual el Todopoderoso recuerda los mandamientos a sus hijos ganados por el Mesías, cumpliendo la función de los flecos de antes.  Porque los flecos en sí mismos no tienen ningún poder, sólo estaban para recordar los mandamientos. Pero el Espíritu de Yahwéh no sólo puede hacer recordar Sus Mandamientos, sino también ayudar a cumplirlos, si uno está entregado a vivir de acuerdo a Su Voluntad gracias al Mesías. Pues el Mesías nos ha dejado una gran enseñanza, cuando dijo:

De nuevo les dijo: ‘Ustedes han oído lo que se dijo a los antiguos: No adulterarás. Y yo les digo que todo el que mira a una mujer y la codicia ya ha adulterado con ella en (su) corazón. Y si te seduce tu (ojo) derecho, sácalo y arrójalo de ti. Y también, si te seduce tu mano, córtala. Es mejor para ti perder uno de tus miembros que todo tu cuerpo en el Guehinam’.Mat 5:27-30 (Mat.Heb.Shem Tov, trad. José Alvarez)

El Mesías Yahoshúa enseña algo que sólo puede entenderse según la sabiduría hebrea, pues no se puede entender ese pasaje literalmente. Sacar el ojo derecho y arrojarlo fuera, significa evitar que la vista tenga la libertad de mirar, por ejemplo, una mujer para no cometer adulterio con la vista, tal como Job se había propuesto (en Job 31:1, VIN): “He hecho una alianza con mis ojos para no fijarme en una virgen.”. Porque como decíamos, la codicia lujuriosa se enciende a través del ver, y el Convocador ha dicho (en Ecl.1:8, VIN) “Todas las cosas cansan, y nadie es capaz de explicarlas. El ojo no se harta de ver, ni el oído se sacia de oír.”. El Mesías enseñó la prudencia antes de todo actuar como mejor manera de cumplir los Mandamientos de Yahwéh, alcanzando así sabiduría. Por eso Salomón escribió en otra obra (en Prov.8:12, VIN) “Yo, la Sabiduría, vivo con la Prudencia; yo logro conocimiento y previsión.”. Y por medio de la prudencia, que es prepararse antes de que aparezca la tentación, se alcanza la sabiduría mediante el respeto a Yahwéh. Por eso dijo David (en Salm.111:10, VIN): “El principio de la sabiduría es el respeto a Yahwéh; todos los que lo practican obtienen sano entendimiento. Su alabanza dura para siempre.”. Y también su hijo Salomón ha recordado lo mismo (en Prov.9:10, VIN) “El principio de la sabiduría es el respeto a Yahwéh, y conocer al Santo es entendimiento.”. Pues con el respeto a Yahwéh se puede llegar a beber de la Sabiduría del Altísimo, y así se logra conocerLe al practicar Sus Mandamientos. El respeto a Yahwéh fortifica la obediencia y hace que Él nos guíe por el camino correcto, nos mantiene apegados a Él, como dijo David:

Al que respeta a Yahwéh, Él le mostrará qué camino escoger. Gozará una vida de prosperidad, y su descendencia heredará la tierra. La amistad íntima de Yahwéh es para los que le respetan, a ellos les da a conocer su alianza.Salm.25:12-14 (VIN)

El Convocador nos enseña la vanidad que es dejar libre a la vista para que tiente a la mente, porque sólo dañará el ser con falta de dominio del cuerpo. El Apóstol Shaúl (Pablo) dio una clave para no caer en la vanidad de la mente por medio de la prudencia, cuando dijo:

Ustedes saben que en una carrera todos corren, pero solamente uno recibe el premio. Pues bien, corran ustedes de tal modo que reciban el premio. Los que se preparan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda hacerles daño. Y esto lo hacen por alcanzar como premio una corona que en seguida se marchita; en cambio, nosotros luchamos por recibir un premio que no se marchita. Yo, por mi parte, no corro a ciegas ni peleo como si estuviera dando golpes al aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecerme, para no quedar yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros. 1Co. 9:24-27 (DHH)

A esto se refería el Mesías con sacar el ojo o cortar la mano, es decir, evitar con anticipación todo lo que pueda hacer daño a través de la vista, el oído o la imprudencia. Y también podemos entender que tenemos carreras parciales cuando enfrentamos las tentaciones, en las que debemos luchar para obtener los premios mediante la obediencia o el dominio propio. Por eso decía Pablo que castigaba su cuerpo y le obligaba obedecerle, para cumplir así la Voluntad de Yahwéh. Y también por ello el Altísimo nos aconsejó por medio de David (en Salm.32:9, VIN) “Pero no seas irracional, como el caballo o el mulo, cuyo brío hay que domar con freno y bocado; ¡lejos esté de ti!”. Y Pablo completa su consejo (en Gál.5:16, VIN): “Por eso digo: anden en el espíritu, y así jamás satisfarán los malos deseos de la carne.”. Andar en el espíritu se logra con la obediencia y respeto a Yahwéh. La obediencia, para hacer correctamente Su Voluntad; el respeto, para pensar antes de pecar porque Él todo lo ve y lo sabe, y le fallamos si conscientemente trasgredimos algunos de sus Mandamientos. Cuando logramos andar de esa manera, el Espíritu de Yahwéh nos guía en toda la vida, nos recuerda rápidamente lo que no debemos hacer para no fallarle a Él. Nuestro espíritu se conecta con Yahwéh, y por ello nuestra mente pensará de acuerdo a Su Voluntad para no errar, teniendo suma prudencia antes de actuar. Pero no andar en el espíritu, hace que uno quede esclavo de la carne, de los deseos mundanos; y la mente piensa vanidad, pues no puede sacar provecho de la vida al no andar como espera el Todopoderoso. Y Él, viendo que se desperdicia la vida en vanidades, no ayudará con su Espíritu para encaminar por la senda correcta. Es la elección de cada uno: andar según la carne o lo mundano, o según la guía de Yahwéh en el espíritu.

¿Qué otra clase de vanidad nos menciona el convocador? Dice el siguiente pasaje:

Entonces dije en mi mente: ‘Lo mismo que le sucederá al necio me sucederá también a mí. ¿Para qué, entonces, me he hecho más sabio?’ Y dije en mi mente que también esto era vanidad.Ecl.2:15 (VIN)

Buscar ser sabio puede llegar a ser vanidad. ¿Por qué? Hay que aclarar que esto no significa que uno no deba buscar aprender cuál sea la Voluntad de nuestro Padre celestial para obedecerle, o que no deba corregir las creencias errónes adquiridas por costumbres o por malas enseñanzas. Más bien se refiere a la vanidad por querer ser sabio para alcanzar gloria mundana o glorificación de personas, prestigio o fama, incluso en temas religiosos. Cuando vino Yahoshúa o Yeshúa el Mesías, dijo: “En aquel tiempo se levantó Yeshúa y dijo: Yo te alabo (Padre mío), Creador del cielo y la tierra, porque has escondido estas palabras de los sabios y prudentes, y las has revelado a los humildes. (Mat.Heb.Shem Tov 11:25, trad.Yosef Alvarez)”. El Todopoderoso ha escogido a los humildes, a los que creen en el Mesías que ya vino, para darles sabiduría distinta y hasta mejor que la de los considerados sabios, puesto que es la revelación del Mesías. Pero no la sabiduría que sea vanidad, la que se cree que se posee, por ejemplo, pero resulta que en la vida práctica sucede lo mismo que al necio, con dolores y frustraciones. Esa sabiduría que se alcanza gracias al Mesías no se basa en un mero creer, sino que es un tesoro celestial, una revelación del Altísimo que guía prácticamente a la vida eterna. Es una sabiduría que produce gozo, que no cansa, que alegra la vida por acercarla mucho más a Yahwéh, ya que impulsa a hacer correctamente Su Voluntad mediante la obediencia a su Palabra.

Otra vez el Apóstol Pablo nos ayuda a entender actualmente lo que el Convocador transmitió en su época. La sabiduría humana en la fe se puede transformar en vanidad por intención de Yahwéh. Por eso Pablo dijo, citando Is.29:14 (en 1Co.1:19, VIN) “Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos.“. Y esto ocurre, de alguna manera, con muchos considerados “sabios” en el judaísmo, porque tienen un velo en sus mentes para no reconocer al verdadero Mesías que ya vino y que da pura sabiduría celestial. A muchos los humilla por su soberbia, tal como está escrito (en 1Pe.5:5-6, VIN): “Asimismo ustedes, jóvenes, estén sujetos a los ancianos; y revístanse todos de humildad unos para con otros, porque: ‘Yahwéh se opone a los arrogantes pero da gracia a los humildes’ [cita Prov.3:34, vers.Septuag.]. Así que humíllense bajo la poderosa mano de Yahwéh para que Él los exalte al debido tiempo.“.  El Todopoderoso rechaza la altivez o el orgullo de jactarse en la sabiduría, por eso humilla de cualquier manera a quienes transitan por ese camino. En cambio a los humildes, tal como era Moisés, los exalta y los bendice con sabiduría que no envanece. Por eso está escrito también, de manera terminante (en Is.2:11-12, VIN): “La mirada altiva del hombre será doblegada, y el orgullo del mortal será humillado. Nadie fuera de Yahwéh será enaltecido en aquel día. Porque Yahwéh de los Ejércitos tiene preparado un día contra todo el que es orgulloso y arrogante, contra todo el que se ha enaltecido –de modo que será humillado.”.

Sin embargo, no debemos olvidar que los sabios judíos forman parte del Pueblo que fue bendecido con sabiduría hebrea, y que de ellos podemos aprender de sus buenas enseñanzas, como está profetizado (en Zac.8:23, VIN): “Así dijo Yahwéh de los Ejércitos: En esos días, diez hombres de naciones de todo idioma se aferrarán -se aferrarán de cada judío por el borde de su manto [sus enseñanzas] y dirán: ‘Queremos ir con ustedes, porque hemos oído que Elohim está con ustedes’.“. Y Pablo dirá (en Rom.3:1-2): “¿Cuál es, entonces, la ventaja del judío? ¿O qué beneficio hay en la circuncisión? Mucho, en todo sentido. en primer lugar porque a ellos se les encomendó la Palabra de Yahwéh.“. Si bien los judíos fueron bendecidos con sabiduría desde antiguos tiempos, lamentablemente pasaron a ser parte de una religión, la cual está contaminada por erróneas creencias según la tradición humana como toda otra religión. Y el camino errado que transitó el pueblo de Israel lo comparten otras religiones, como está escrito también (en Is.29:13, VIN): “Dice Adonay: Porque este pueblo se me acerca con su boca y me honra sólo con sus labios; pero su corazón está lejos de mí, y su adoración a mí está basada en mandamientos de hombres, aprendidos de rutina.“. Esta declaración no significa que Yahwéh ha abandonado a los judíos como pueblo, de ninguna manera. Sólo hay que tener cuidado cuando se aprende de ellos por causa de las tradiciones humanas. Incluso uno puede llegar a perder la sabiduría en el Mesías si se descuida, negando a quien verdaderamente es el Ungido por Yahwéh.

También Pablo menciona que la sabiduría que se obtiene del mundo, de la filosofía, por leer muchos libros, etc., es transformada en ignorancia o locura por Yahwéh. Por eso dijo Pablo (en 1Co.1:20, VIN): “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el disputador de esta era? ¿No es cierto que Elohim ha transformado en locura la sabiduría de este mundo?“. En sus tiempos, el Convocador sentía que no tenía provecho por ser más sabio que los ignorantes, porque los mismos sufrimientos experimentaba, por lo que consideraba vanidad la ventaja de la sabiduría. Pero lo cierto es que a Salomón le faltaba la sabiduría que traería el Mesías, reservada para los que en él creyeran. Por eso Pablo dijo (en 1Co.1:24): “Pero para los llamados, tanto judíos como griegos [o gentiles], el Mesías es el poder de Yahwéh y la sabiduría de Yahwéh.“. Por tal razón, aprovechemos el consejo del Convocador para evitar las sabidurías mundanas o humanas tradicionales religiosas; más bien alimentémonos con la sabiduría que entrega la vida en el Mesías, no sólo diciendo que se cree en él, menos aún rechazando cumplir los Mandamientos del Todopoderoso. Y los que conocen las Sendas Antiguas aférrense al Mesías para entrar a la nueva Alianza que trae verdadero gozo de vida en él, para que la sabiduría no se pierda en vanidades. Manténganse en la sabiduría del Mesías para salir de la vanidad.

Continuará…

Estudio sobre el Libro Eclesiastés. Parte 1

Eclestiastés 1 (1)

Saludos amigos. Quiero presentarles un análisis del Libro que escribió Shelomóh (Salomón), conocido como “Eclesiastés”, traducido del griego “εκκλησιαστης , Ekklesiastés”, del hebreo ” קֹהֶ֣לֶת , Qohélet “. Su más correcta traducción, como la tiene la Versión Israelita Nazarena, es “convocador“. Pero también podría ser “congregador”, el que reúne a la Asamblea para comunicarles una verdad o enseñanza. “Qohélet” proviene de “qahál“, que significa asamblea o congregación.  Y lo primero que nos dijo es:

El colmo de la vanidad, dijo el Convocador; el colmo de la vanidad, todo es vanidad.Ecl. 1:2 (VIN)

” הֲבֵ֤ל  הֲבָלִים֙ – havél havalím”. La palabra hebrea “havél“, en singular, es la que se traduce como “vanidad“, pues tiene el sentido de algo vacío, como un soplo, algo fugaz que se desvanece en el aire inmediatamente, como un vapor. Seguida de su plural “havalím“, que algunos traducen como “vanidades“, más bien le da un sentido superlativo a la palabra vanidad. Por ello es correcta la traducción de la Versión Israelita Nazarena del Moréh Yosef Alvarez como “colmo de la vanidad“, como el Moréh ha explicado alguna vez, es mejor que “vanidad de vanidades”. Esto se puede ver en otro lugar, por ejemplo donde dice:

Cuelga la cortina debajo de los ganchos, y lleva allí el Arca de la Alianza, detrás de la cortina, de modo que la cortina te sirva de división entre el Lugar Santo [hakkódesh] y el Lugar Santísimo [kódesh hakkodashím].Éx.26:33 (VIN)

El modismo hebreo “kódesh hakkodashím”, bien traducido como “Santísimo”, no tiene sentido volcarlo literalmente como “santo de los santos”, así como tampoco “vanidad de vanidades” de “havél havalím”.

Shelomóh comienza entonces con una fuerte afirmación: “todo es vanidad“. ¿Y a qué se refiere con ese “todo”? Según se podrá leer en el desarrollo del Libro, se refiere a las experiencias de la vida y lo que se obtiene del mundo. Por tal razón, luego sigue diciendo más adelante:

He observado todas las obras que se hacen debajo del sol, y he visto que todo ello es vanidad y correr tras el viento.Ecl. 1:14 (VIN)

Aquí no sólo dice que “todo es vanidad“, sino también que las obras que se hacen en el mundo son “correr tras el viento“. Esta última es la traducción más común para ” וּרְע֥וּת  רֽוּחַ  – ureút rúaj”. Algunas versiones bíblicas, como la Reina Valera por ejemplo, traducen como “aflicción de espíritu“. Otras, como la Septuaginta, la versión griega hecha por judíos, traduce como “afán de espíritu“. Creo que las tres posibilidades pueden ser aceptadas, porque las tres concuerdan con la afirmación de que “todo es vanidad“. ¿Por qué puede ser así? Lo explicaré con palabras de Shelomóh:

Porque, ¿qué logra el hombre de todo su duro trabajo y del conflicto de corazón con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores; y su tarea, frustración; ni siquiera de noche reposa su mente. Esto también es vanidad.Ecl.2:22-23 (VIN)

Allí, en lo leído, vemos que dice “conflicto de corazón con que se afana” el hombre, que puede equipararse con “afán de espíritu“. Y luego dice “todos sus días no son sino dolores; y su tarea, frustración; ni siquiera de noche reposa su mente“, que puede equipararse con “aflicción de espíritu“. En cuanto a “correr tras el viento“, se relaciona con la pregunta abreviada “¿qué logra el hombre de todo…?“. Esta es la cuestión que postula incialmente el Convocador, un afanarse en la vida con sufrimientos para lograr qué cosa: ¿Fama? ¿Poder? ¿Dinero? ¿Buen trabajo? ¿Acumulación de bienes? ¿Buena salud? Y en caso de lograr algunas de esas cosas, ¿finalmente para qué? ¿para tener pequeños lapsos de disfrute conformándose uno con esta dura vida, sin poder disfrutarla en lo más profundo de su ser, y sin esperanza de vivir en perfección para siempre? Y el Convocador nos enseñará que por ese camino, que tiene que ver con estar esclavizados a las cosas y hechos del mundo, uno correrá como si quisiera agarrar el viento sin poder hacerlo nunca, es decir, sin lograr tener paz y satisfacción espiritual que permita gozar de la vida plenamente. Y por eso considera como vanidad al trabajo y el afán en la vida, si uno sólo vive dependiendo de ellos para obtener algo que en verdad depende de la vida espiritual, no de la mundana. El gran Moisés ha descripto también lo que quería explicar Shelomóh, en su Salmo que dice:

Tú [Todopoderoso] reduces al hombre al polvo, y dices: “Vuelvan al polvo, seres humanos”. Porque mil años son para ti como el día de ayer que pasó, como una vigilia de la noche. Los arrebatas como torrentes, son como un sueño mañanero, como la hierba que pasa, que por la mañana florece y crece, pero a la tarde la cortan y se seca. Porque por Tu ira nos consumimos, por Tu indignación estamos aterrados. Nuestras maldades han quedado expuestas ante ti, nuestros secretos a la luz de Tu mirada. Porque nuestros días se van acabando por Tu ira, acabamos nuestros años como un suspiro. El lapso de nuestra vida es de setenta años, y quizás los más robustos lleguen a ochenta; pero todo lo que nos dejan es afán y trabajo, porque pronto pasan y quedamos en tinieblas.Salm.90:3-10 (VIN)

Cuenta Moisés que como un suspiro o pensamiento dura nuestra vida ante el Todopoderoso, y por eso es vanidad, en el sentido de un soplo que pasa en un instante. Y para el colmo, nuestros pecados, aún los más secretos y hasta en los más íntimos pensamientos, son conocidos por el Altísimo. ¿Por qué dejar que la vida sea vanidad, que no tenga el sentido de elevación espiritual para hacer la Voluntad del Amo del Universo? ¿Por qué no buscar agradar a Yahwéh, el Todopoderoso, sabiendo que Él nos da vida y todo lo que recibimos luego? ¿Para qué desperdiciar la vida en el afán y el trabajo, sin pensar en lo principal por lo cual venimos a este mundo, que es servir al Amo del Universo?  Porque del gran trajín de la vida nadie se salva, como fue impuesto a la humanidad desde la caída de Adam, y está escrito:

A Adam le dijo: Como hiciste lo que te dijo tu esposa y comiste del árbol del que te ordené que no comieras, el suelo queda degradado por tu culpa; con duro trabajo comerás de él todos los días de tu vida: espinos y abrojos te producirá. Pero tu alimento serán las plantas del campo; con el sudor de tu frente te ganarás el pan, hasta que vuelvas al suelo, del que fuiste formado. Pues polvo eres, y al polvo volverás.Gén.3:17-19 (VIN)

El castigo desde el primer hombre es el trabajo duro para ganarse el pan. Y los “espinos y abrojos” que produce el “suelo” podrían entenderse como todos los problemas en la vida que se presentan de cualquier manera para causar aflicción, sea pequeña o grande. Si uno sólo se queda viviendo en ese castigo y no trata de buscar al Supremo para agradarle y recibir Su Ayuda, la vida se diluye en vanidad, en un sinsentido y constante sufrir. Nada podrá comprender de lo que pasa en el mundo, mucho menos el Plan del Altísimo con respecto al futuro que da sentido a la vida con fe. Y por ello también cantaba David a Yahwéh:

Has envejecido mis días; para Ti, el tiempo de mi vida es como nada. Sí, todo hombre que vive, es todo vanidad. Ciertamente el hombre camina en sombras; su afán es todo en vano. Ellos acumulan riquezas sin saber quien disfrutará de sus beneficios.Salm.39:5-6 (TKIM)

Palabras en el mismo sentido que las de Salomón y Moisés. Y también dijo:

Sólo vanidad son los hombres, ilusión son los mortales; puestos en la balanza todos juntos, pesan menos que un soplo. No confíen en la violencia, no se envalentonen en el pillaje; si aumentan sus riquezas, no pongan en ellas su corazón. Una vez ha hablado Elohim, dos veces he oído esto: que el poder pertenece a Elohim, y que a ti Yahwéh pertenece el amor, pero que tú pagarás a cada uno conforme a sus obras.Salm.62:9-12 (VIN)

David sentía en lo más profundo de su ser la vanidad de la vida en general de la humanidad, la que pasa como un soplo si uno la vive mundanamente, sin disfrutarla. Y la vida pasa fugaz, la mente no tiene descanso y no goza sin vida espiritual. David, en lo leído, nos deja un consejo que también tiene en cuenta el Convocador. Cuando la mente está esclavizada a lo mundano, a lo material, al goce temporal y transitorio, muchas veces haciendo lo malo, entonces la vida se torna vanidad, y cualquier esfuerzo por estar bien es vano, ya que no se cuenta con una herramienta totalmente necesaria: la fe de vida espiritual. Y en este sentido habló también el Mesías Yahoshúa, con respecto a dónde está nuestro corazón, que en hebreo es símbolo de la mente, de los pensamientos:

No acumulen para ustedes riquezas en la tierra, donde la polilla y el moho corrompen, y donde los ladrones irrumpen y roban. Más bien, acumulen para ustedes riquezas en el cielo, donde ni la polilla ni el moho corrompen, y donde los ladrones no irrumpen ni roban. Porque donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.Mat.6:19-21 (VIN)

¿Por qué decía esto el Mesías? Porque las riquezas en la tierra son vanidad, son temporales como la vida misma en este mundo, producen aflicción por preocupaciones y extremos cuidados por los daños que pueden sufrir, o sea, esclavitud a lo material, y nada se llevará a ninguna parte luego de la muerte. En cambio, lo que no es vanidad es la riqueza celestial, la que debe buscar la mente con prioridad, pues es una riqueza que trasciende la muerte, que se conservará más allá de ella. Por tal razón, en lo siguientes versículos del cap.6 de Mateo, aconseja a no preocuparse por las necesidades, porque el Todopoderoso se encargará de satisfacerlas. Más bien, como dice (en Mat.6:33, DHH adaptada): “Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino del cielo y en hacer lo que es justo ante el Todopoderoso, y recibirán también todas estas cosas.“. El “reino del cielo” significa el reinado de Yahwéh, que será comenzado por el Mesías por mil años, y luego quedará como único Rey el Amo del Universo. Y poner la atención en ese reino, es aprender y cumplir los Mandamientos del Altísimo, según el modelo de hombre perfecto que es el Mesías. De esa manera se hará lo que es justo ante Yahwéh, para amarle a Él y al prójimo correctamente. Eso es buscar riqueza que no es vanidad, sino verdadero tesoro que representa las Instrucciones de Yahwéh: “Más deseables que el oro, mucho más que piedra preciosa; también más dulce que la miel o que el destilar de un panal de miel.” (Salm.19:10, TKIM). Y tal como Salomón también dijo: “Cuánto mejor es adquirir sabiduría que oro; adquirir entendimiento es preferible a la plata.” (Prov.16:16, VIN).

Porque lo que se coseche depende de dónde sembremos, tal como lo explicaba magistralmente el Apóstol Shaúl de Tarso (Pablo), diciendo (en Gál.6:7-8, VIN): “No se engañen, de Elohim nadie se burla. Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará. Porque el que siembra para su carne, de la carne cosechará corrupción; pero el que siembra para el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna.“. ¿Qué significa sembrar para su carne? Además de lo que explicó Shaúl, en cuanto a buscar gloria humana superficialmente, también significa vivir mundamente. Por ejemplo, sufriendo y perdiendo el tiempo en embellecer la estética del cuerpo, o sólo satisfaciendo los deseos carnales con esfuerzo vano en la vida, rechazando pensar en la Instrucción de Yahwéh y en la fe correcta en el Mesías. Porque la “corrupción” que se cosecha es sólo el disfrute de lo que es vanidad, de lo carnal o superficial, de lo que NO es más importante en la vida. Porque lo que sí es más importante no está en lo material, ni en lo físico, ni en los ofrecimientos del mundo, sino en sembrar para el espíritu, en aprender de las Instrucciones del Padre Celestial para hacer su Voluntad. Entonces se ejercita el espíritu para que ponga en práctica los mandamientos de Yahwéh, de acuerdo a la guía del Mesías. Y esto es acumular riqueza en el cielo, lo que permitirá no sólo cosechar el premio de la vida eterna, sino también disfrutar mejor esta vida de preparación para la que viene.

Continuará…