El Perdon da felicidad y libertad

El perdón es un regalo que el Todopoderoso nos da, es una oportunidad que Él nos brinda para que podamos desarrollar el verdadero amor hacia el prójimo y tener una vida más exitosa de acuerdo a su Voluntad. Aparte de esto, el perdón nos ayuda a encontrar la verdadera libertad y la felicidad.

La costumbre del mundo enseña que, para que una persona sea feliz, necesita ir a un determinado lugar, o estar con tal o cual persona de su preferencia. También dice que alguien es libre porque puede hacer lo que quiera. Pero en realidad son pensamientos erróneos, porque tanto la felicidad, como la libertad, dependen de la mente de cada persona, y se pueden experimentar donde queramos y con quienes sean, más aún teniendo el conocimiento de las sagradas Escrituras. Por ejemplo, se puede dar el caso de que una persona esté de vacaciones en un lugar de playas paradisíacas, pero afligido y sin disfrutar por falta de paz espiritual o mental, por problemas que arrastra desde tiempos atrás, como ser, cargar con rencor hacia alguien que le hizo un daño. Por otro lado, también puede darse el caso de una persona que cae presa por haber hecho algún delito y luego se arrepiente ante el Todopoderoso, como también pide perdón a quien haya provocado un daño y lo recibe. Esta persona se siente en paz y libre, aunque tenga que cumplir su condena tras las rejas.

La Biblia nos enseña lo importante que es pedir perdón y perdonar a los que nos ofenden. Nos ayuda a entender primeramente que, para poder recibir el perdón de nuestro Padre celestial, primero debemos perdonar a nuestro prójimo, como se nos aconseja en los Libros de Mateo 6:14, Lucas 6:37 y Marcos 11:26.

Sabemos que, en general, perdonar es un acto difícil de llevar a cabo, sobre todo cuando se piensa negativamente en que la otra persona debería ser la primera en pedir disculpas, cuando hubo agresión de ambos lados. O también, cuando se piensa que, al pedir perdón, esto es un acto de humillación, cosa que no es así. Tenemos que reconocer que el perdón nos libera de todas las ataduras que amargan, y que es un acto para lograr estar más cerca de nuestro Creador. Muchas veces esas ataduras que cargamos nos afectan, no sólo en el plano espiritual, sino también físicamente. Debemos tener en cuenta que todo lo emocional, si no se maneja bien, afecta nuestra salud. Todo aquello que está en la mente repercute en el cuerpo. Por eso nos aconseja Salomón, en Prov.4:23: “Más que todo lo que guardas, guarda tu mente, que ella es fuente de vida”. Porque, en realidad, de acuerdo a nuestra manera de pensar, positiva o negativamente, habrá una reacción en nuestro cuerpo que puede ser beneficiosa o perjudicial. También lo podemos ver en Prov.17:22 “Un corazón gozoso da buena salud; el desánimo seca los huesos”. Salomón nos enseña lo importante que es la salud mental, por eso hoy en día hay personas que se sienten enfermas y acuden al médico. Pero la raíz de su problema es emocional, causado por la ansiedad, el estrés, la falta de perdón y muchas otros hechos que favorecen la generación de enfermedades.

A continuación, repasaremos algunos pasajes para meditar.

En una historia muy conocida en la Toráh, en Génesis 45:4-5, nos muestra a un hombre como José (Yosef), quien había sufrido duramente por causa de agresiones de sus propios hermanos. Pero él, luego de un tiempo, volvió a encontrarlos y los perdonó. Este acto de sus hermanos, costaría a muchos de nosotros hoy en día perdonar y olvidar. Pero es allí donde en realidad demostramos quienes somos y qué hemos aprendido en la Escritura. El perdón de José hacia sus hermanos es un gran ejemplo a seguir.

En Prov 17:9: “Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de amor; quien insiste en ella, aleja al amigo.” (DHH)

El Perdón es el único camino que nos ayuda a construir esos puentes que nos unen el uno al otro. Y es lo que nos ayuda a aceptar a cada ser humano como es, siempre recordando que todos somos hijos creados por el mismo Elohim, que somos hechos a imagen y semejanza de Él.

El crecer espiritualmente nos ayuda a ver con otros lentes, que en esta vida no podemos tomar el papel de Juez, porque todos cometemos faltas, somos imperfectos, y de alguna manera vamos a caer y vamos a querer que nos perdonen. Esto tiene que cambiar en nuestra vida, debemos seguir trabajando para ser ese pueblo consagrado para nuestro Creador.

En 2 Crónicas 7;14 “Si mi pueblo que lleva mi nombre se humilla, si oran y buscan mi favor y se apartan de sus malos caminos, entonces Yo oiré desde mi morada celestial y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.” (VIN)

Sólo si cambiamos nuestras malas conductas, si dejamos muchas cosas negativas, entre ellas, el resentimiento, podemos buscar el perdón del Eterno y nos irá bien.

En Miqueas 7: 18-19 ¿Quién es un Êl como tú, que perdona la maldad y remite la transgresión; que no ha mantenido su ira para siempre contra el remanente de su propio pueblo porque se deleita en la bondad? Volverá a aceptarnos en amor; cubrirá nuestras maldades, tú arrojarás todos nuestros pecados a las profundidades del mar. (VIN)

En este verso aprendemos de nuestro Padre celestial cuál es el verdadero perdón. Vemos que Él nos perdona y olvida. Aquí, el tema de olvidar es dejar en el pasado la ofensa que nos hicieron, sanar completamente. Hay muchos que suelen decir: “yo perdono, pero nunca olvido”. Esto sucede cuando, en determinada ocasión, llega uno a encontrarse con la persona que nos ofendió y traemos a memoria lo que nos hizo. Por tal razón, eso significa que nunca existió el perdón, o sólo fue de palabras. Nuestro Padre celestial quiere que sigamos sus pasos; Él es nuestro ejemplo a seguir. Sabemos que no es fácil olvidar, pero con la ayuda de su Palabra, que es la que nos limpia, podemos trabajar en eso.

Todo lo que debemos hacer es estudiar las Escrituras, llevar a la práctica sus enseñanzas, y trabajar en las áreas de nuestra vida que son débiles para no caer. No permitamos que las distracciones de este mundo nos quiten el deseo de buscar en oración a nuestro Padre celestial, porque sólo con esa conexión alcanzamos a tener conocimiento que nos lleva a desarrollar el verdadero amor hacia los demás.

Meditemos: ¿Queremos de verdad practicar el amor al prójimo como a uno mismo, obedeciendo a nuestro Padre celestial? ¿Hay algo en nosotros que pueda impedir lograr ese amor? ¿Hemos perdonado realmente para amar de verdad?

Bendiciones! Milkah

Inteligencia emocional en tiempos de crisis por COVID

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El hombre es un ser bio-psico-social-espiritual. Ésta es una constitución y un diseño dado por el Todopoderoso que tiene su razón de ser y su finalidad para poder vivir, sentir y relacionarnos con el Eterno y con las demás personas. Por ello, es importante conocernos a nosotros mismos para poder manejar todas las áreas de nuestra vida de la mejor manera posible para honrarlo como nos recordó el Mesías: “Amarás a Yahwéh tu Elohim con TODO tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” (Mateo 22:37 VIN, citando Deut.6:5). Podemos ver entonces, que para el Creador es muy importante mantener una mentalidad saludable, de otro modo no podríamos estar amándolo con TODA nuestra mente, y tampoco podríamos relacionarnos bien con nuestros semejantes, como indica el segundo y más grande mandamiento resumido del que habló nuestro Maestro (Mat.22:39).

Uno de los proverbios más conocidos y más específicos sobre el cuidado de lo que atraviesa por nuestros pensamientos es: “Más que todo lo que guardas, guarda tu mente, que ella es fuente de vida” (Proverbios 4:23 VIN). Desde esta postura, podemos ver cuál es la jerarquía o el lugar que tiene el hecho de cuidar nuestros pensamientos y emociones, y nos damos cuenta que la orden es la siguiente: De lo más importante y valioso de ti, de lo que más atesores en tu existencia, ya sea familia, pareja, trabajo, profesión, amigos, salud, etc., por encima de TODO eso está que valores, cultives y guardes lo que ocurre en tu mente; y la razón de esto es aún más esclarecedora: la mente es la fuente y el origen mismo de lo que ocurre y ocurrirá en nuestra vida.

¿Por qué la mente es fuente de vida?

Según la Real Academia Española, la definición para la palabra “mente” tiene estas tres acepciones:

  1. f. Potencia intelectual del alma.
  2. f. Designio, pensamiento, propósito, voluntad.
  3. f. Psicol. Conjunto de actividades y procesos psíquicos conscientes e inconscientes, especialmente de carácter cognitivo.

De acuerdo con lo anterior, la mente es un poder intelectual que nos permite crear designios, tener propósitos y de ahí sale la voluntad para hacer las cosas. Por lo tanto, podemos ver que, como dice la Palabra escrita de Elohim, realmente es la fuente de la realidad que creamos, ya sea para vida (paz, armonía en familia, bondad, agradecimiento, alegría); o para muerte (queja, insatisfacción, malos pensamientos hacia los demás, discordia, enojo).

Y como un Padre perfecto, que conoce a sus hijos y sabe de qué manera pueden manejar mejor su mente para poder crear vida a través del correcto uso de la misma, el Todopoderoso nos deja algunos proverbios que nos dan una guía para usar nuestras emociones de manera productiva y sana.

  • “La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, más la buena palabra lo alegra.” (Prov. 12:25 LBLA)

La ansiedad viene cuando orientamos nuestros pensamientos al futuro y eso nos atemoriza, pero no nos ocupamos para hacer algo al respecto. Expresamente el Todopoderoso nos dice que vivir con ansiedad va a poner triste y deprimido nuestro corazón, pero las palabras que edifican pueden alegrar nuestro corazón. En conclusión, enfoquémonos en palabras positivas, de esperanza, de fe, que hagan bien a los demás y a nosotros mismos.

  • “El corazón gozoso alegra el rostro, pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu.” (Proverbios 15:13 LBLA)

Tanto la tristeza como el gozo y cualquiera de las emociones produce un efecto visible en nuestro cuerpo debido a esta unión de la mente con el cuerpo. Si el corazón gozoso hará que el rostro se vea alegre, el corazón triste causará que el cuerpo se vea quebrantado, agachado y cabizbajo.

Podemos ayudarle a nuestra mente generando posturas físicas que nos ayuden a mejorar el ánimo. Hacer una gran sonrisa de oreja a oreja, mantener una postura erguida, levantar los ojos al cielo, ejercitar el cuerpo, etc. son algunas de las estrategias que nos dio el Creador para darle señales a la mente y que ésta genere sentimientos de felicidad, poder, optimismo y agradecimiento por la conexión automática de ambos.

  • “El corazón inteligente busca conocimiento, más la boca de los necios se alimenta de necedades.” (Proverbios 15:14 LBLA)

Otra forma de mantener el ánimo en momentos de crisis es a través del alimento intelectual. El sabio nos dice que, si queremos tener decisiones inteligentes, buscaremos más conocimiento que nos de mejores herramientas para enfrentar las situaciones en cada área de nuestra vida; y eso generará más conciencia de las bendiciones del Creador, por tanto, más pensamientos de agradecimiento, contentamiento y una mayor proactividad. Por otro lado, los necios, quienes generalmente viven en queja, resentimiento, sentimientos de víctima, etc., se alimentarán con noticias, música, libros y conversaciones que sólo perpetuarán su insatisfacción y necedad.

Seamos intencionales en nuestro alimento intelectual para mantener el entusiasmo del Eterno en nuestro interior.

  • “Todos los días del afligido son malos, pero el de corazón alegre {tiene} un banquete continuo.” (Proverbios 15:15 LBLA)

Este proverbio no indica necesariamente que los que tienen corazón alegre SIEMPRE tendrán abundancia, sino que su banquete continuo es una condición de su interior más que de lo que posean o de sus circunstancias externas. Para la persona que todo lo ve negativo, todos sus días siempre tendrán algo para quejarse, para decir que es de mala suerte o que fue malo. Sin embargo, la herramienta que nos deja el Padre es que, si mantenemos la alegría en nuestro ser, todo nos va a parecer una celebración, una fiesta.

Esto repercute positivamente en nuestras emociones porque los que obedecemos este principio, desde que nos despertamos podemos celebrar porque tenemos una familia, una casa, alimentos en nuestra mesa, fuerza para trabajar, un propósito para vivir, etc. Y eso nos hace extremadamente felices y agradecidos.

 

Para concluir, es importante recordar que “la muerte y la vida están en el poder de la lengua; los que la aman comerán de su fruto” (Proverbios 18:21 LBLA). Aquí nos dan la estrategia por excelencia para aprender a manejar inteligentemente las emociones para honrar a nuestro Creador: nuestras palabras.

Como dice el texto, tanto la muerte como la vida están determinadas por algo tan pequeño y tan poderoso a la vez llamado “lengua”. Y sólo si la utilizamos correctamente será de bendición para nosotros y para la gente que nos rodea, en áreas de salud, finanzas, de pareja, espiritual, etc.; de otra manera, atraeremos muerte y desilusión.

Bendiciones!

¡Gracias a la hermana y psicóloga Judá Yadáh Sanchez por su excelente reflexión colaborada!

Nuestra Vida en Cuarentena

 

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Ya pasaron más o menos 124 días desde que empezó la cuarentena aquí, en Argentina. Recuerdo que, al principio, la veíamos sólo como algo nuevo, algo pasajero. Pero, a medida que pasaban los días, llegaban las noticias y, lo que menos esperábamos, era que el virus se convirtiera en pandemia. Aun así, me decía a mí misma: “no es para tanto”. Todo ocurrió muy rápido, mi familia y yo no podíamos creer que eso estuviera pasando, nos tomó por sorpresa. Mi madre quedó sin poder salir de otro país donde estaba vacacionando, era increíble.

Los medios de comunicación no paraban de anunciar los nuevos casos de contagios en los diferentes lugares del mundo. Desde ese entonces, empezó nuestra prueba de fe. Mi interés por saber cada suceso en las noticias sobre el virus “Covi19”, acaparó tanto mi mente, que era eso sólo mi diario vivir, hasta que reaccioné y dije: “ya basta”. Sé que, así como me sucedió a mí, les sucedió a muchos de ustedes. No lo esperábamos, pero aun así pasó, y aún no termina.

Sabemos que en esta vida tendríamos altos y bajos, que se presentarían pruebas, no sólo individualmente, sino también que nos afectaría en conjunto. Y ésta que nos llegó, nos afecta a todos y nos obliga, no sólo a cuidarnos, sino también a cuidar de nuestro prójimo. Es así como comenzó la odisea, todo en nuestra casa. El aislamiento nos tomó por sorpresa; los hijos ya no iban a la escuela; algunos que podían trabajar, lo hacían desde sus casas por internet; ya no se podía salir para recreación o para hacer ejercicios; al principio con dificultad se podía ir de compras de alimentos con riesgos de desabastecimientos; todo se había parado y se hacía muy difícil. También nos llegó el tema de cumplir con la limpieza de todo lo que entraba a nuestra casa, sean cosas compradas, o de calzados o vestimentas propias, etc. Y a todo esto se le había sumado el distanciamiento social con todo el mundo (amigos, familiares etc.). Eso fue lo más duro.

La estadía en casa creo que fue para muchos un gran desafío, y para otros, una gran prueba de fe. El convivir con nuestra pareja y los hijos, donde estábamos acostumbrados a tener cada uno su rutina diaria, todo se revolucionó. Pero es allí donde, en realidad, sabemos qué tan importante es nuestra familia para cada uno de nosotros, qué tan tolerantes somos con ellos en distintas circunstancias al pasar tanto tiempo juntos y que sucedan errores, a veces inesperados. Es allí donde tenemos que aceptar que la vida nos está dando una oportunidad de unirnos y pasar más tiempo juntos; de aprender a convivir; de saber apreciar lo que el Creador del Universo nos ha brindado.

Pese a toda la presión que estamos soportando, es el deseo de todos que todo funcione bien, como es debido, y se mantenga fuerte la familia. Quizás el encerramiento pueda tentar a pensar que no hay otra opción, que sólo hay que aguantar, ya que todo regresará a la normalidad con el tiempo. Pero si pensamos de esta manera, nunca vamos a saber convivir bien, y no podremos trabajar correctamente en nuestras debilidades y en nuestra reforma del carácter. Debemos mantener la tranquilidad en nuestra relación familiar y ser más tolerantes, tanto con nuestro prójimo, como con nosotros mismos ante errores.

Nuestra fe debe motivarnos siempre a pensar positivamente, a no permitir que las noticias o la información negativa nos impida tomar buenas decisiones. Como tampoco caer en la tristeza y en la queja, que nada nos ayuda, sino más bien, agravan más las cosas, llevando así a tener conflictos con nuestra parejas e hijos.

Es una gran oportunidad de aislarnos en este tiempo de todos los ruidos de este mundo y buscar más la cercanía con nuestro Padre celestial. Ya que Él es el único que nos puede ayudar a salir de cualquier perturbación mental a causa del encierro. Es normal que éste nos preocupe o afecte, o que nos haga sentir a veces tristeza. Pero no hay que verlo negativamente; negativo sería que nos invada y nos robara la paz mental continuamente, cada día.

Lo principal es que tenemos conciencia de lo que hoy está sucediendo, de que es una realidad. Sólo debemos poner de nuestra parte en cumplir con las normas establecidas por la salud, y también saber que no tenemos idea de cuánto tiempo estaremos viviendo de esta forma. Lo que sí queda claro es que nada será igual en adelante.

Para mí, como para muchos otros, estamos aprovechando este tiempo para conocernos a nosotros mismos, para trabajar en nuestra paciencia y, sobre todo, en valorar el tiempo que nos está ofreciendo nuestro Creador Bendito, porque debemos tener claro de que todo viene de Él.

Es aquí donde nos analizamos y ponemos nuestra Fe en práctica. Y debemos hacerlo practicando el mandamiento del amor al prójimo, y que eso se vea reflejado en dejar de pensar sólo en uno mismo, sino pensar también en los demás que nos rodean.

Nos queda buscar cada día en plegarias al Todopoderoso Santo Bendito sea, Quien es nuestro único refugio en estos momentos. También queda agradecerle por todo, incluso por la realidad que vivimos, aunque no sea algo grato. Pero sabemos que todo viene del Creador, y que todo es para bien. Con Él solamente encontraremos esa paz mental que nos ayudará a tomar buenas decisiones, y a tener la sabiduría apropiada para resolver todos los problemas en nuestro matrimonio, y en la relación con nuestros hijos. No hay otro camino.

El Todopoderoso es el Sanador de toda enfermedad, como lo expresa Jeremías 33:6 “Pero los curaré, les daré la salud y haré que con honra disfruten de paz y seguridad”. También es El único que nos puede hacer inmune para que ninguna plaga o virus toque nuestra morada, como se relata en el Salmo 91, o que nos puede proteger, como lo muestra el Salmo 121. Procuremos buscar, sobre todo (además de la salud física), alcanzar la buena salud espiritual, aprovechando la realidad actual.

Fuerza!! Fuerza!! Bendiciones!

La Tristeza No es buena compañía

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El Amo del Universo creó al ser humano con la posibilidad de tener muchas emociones, las cuales cada persona debe saber manejar adecuadamente para así tener éxito en la vida.

En el caso de la tristeza, esta emoción aparece cuando las circunstancias de la vida son dolorosas. Puede ser el caso de que no vaya bien con la pareja; con el trabajo; tener un ser querido enfermo; tener dificultades económicas o para el sustento; etc. Esta emoción siempre va a estar volando sobre nuestra cabeza, lo negativo es dejarla que pose sobre ella y se quede a vivir. Por eso, la única manera de evitar eso y que no nos arrastre a la depresión, es buscar la ayuda de nuestro Creador. En caso de que se torne inmanejable, es recomendable buscar ayuda de profesionales.

Es muy peligroso no prestarle atención cuando aparezca la tristeza, porque, al quedarnos quietos, podemos perder la fe. ¿Cómo podemos saber si no tenemos la suficiente fe? Pensando negativamente de que no hay solución, nos amargamos y llegamos aislarnos tanto, que no encontramos salida. Y allí se puede encontrar la duda de que nuestro Padre celestial no nos escucha. Por eso es importante tener en cuenta lo que dice el Apóstol Pablo en 2Co.7:10 “Porque la tristeza que agrada a Elohim produce arrepentimiento para salvación, de lo cual no hay que lamentarse; pero la tristeza del mundo produce la muerte.” Por esta razón, debemos tener cuidado; si llega la tristeza por cualquier motivo o circunstancia, debemos utilizarla para meditar y ver qué mensaje nos quiere dar, sobre todo, para acercarnos a nuestro Creador.

Estar triste no lo podemos evitar. Puede ser una oportunidad para reflexionar sobre lo que nos está sucediendo; y, en cuestiones de alguna falta que cometimos, nos ayuda a un verdadero arrepentimiento.

Debemos aumentar nuestra fe, trabajar cada día para que, cuando lleguen las pruebas, no nos empujen hacia abajo, sino, más bien, nos ayude a pensar y a buscar una solución, si la tiene; y, si no la tiene, ¿de qué nos sirve estar triste?

Busquemos primeramente a nuestro Todopoderoso, clamemos a Él y esperemos en Él. Así nos dice nuestro sabio Salomón en Salmos 37: “Guarda silencio ante Yahwéh; espera con paciencia a que Él te ayude”. También se nos dice que el estar muy triste afecta mucho la salud y eso agrava más las cosas. Así lo expresa también Salomón en Proverbio 17:22 “Un corazón gozoso da buena salud; el desánimo seca los huesos”.

Nada es permanente, nada perdura en esta vida para siempre, y, claro está, casi todo depende de nosotros. La persona tiene que sobreponerse, buscar ayuda, buscar tener la mente ocupada. Es importante que se hable con alguien muy allegado, sea un cónyuge, o un familiar, o amigo de confianza. Y, si no cuentas con ellos, están los hermanos en la fe. Porque aislarse no es lo mejor. Es cierto que la soledad a veces nos ayuda a meditar y a organizar los pensamientos, pero hay que evitarla por largos períodos. Que nuestro aislamiento sea sólo para encontrarnos con nuestro Padre celestial, quien está dispuesto a escucharnos.

No dejemos que el pájaro de la tristeza anide sobre nuestra cabeza; apartemos todo pensamiento negativo, cuidemos nuestra mente y busquemos ayuda de nuestros padres que siempre están allí, esperándonos con los brazos abiertos. Sobre todo, nuestro Padre Todopoderoso.

Consejos matrimoniales

Pequeños consejos matrimoniales que hacen una gran diferencia.

Cambia una pequeña cosa en tu matrimonio para bien y cambiarás todo el curso de la relación. Aquí hay algunos consejos que puedes utilizar para comenzar ahora mismo.

  1. Absolutamente nada de sarcasmo. Nunca.
  2. El silencio es poderoso. Puede tanto herir como curar, dependiendo de cómo lo utilices.

_ Si tu pareja dice algo que te hiere, cierra la boca y no respondas de la misma manera. Puedes alejarte gentilmente si es que no se detiene. No dejes que el enojo aumente, cualquiera de los dos puede hacer este cambio.

_ No utilices el silencio como un castigo ni como un arma.

_ El silencio utilizado de manera positiva es una cariñosa intención de escuchar. Cuando tu pareja tiene algo para decir y quiere ser escuchada, tan sólo escucha.

  1. No hables cuando estés enfadado/a. Reconoce que la ira proviene del dolor. Si alguien está dolido, lo que su alma necesita en realidad es amabilidad y entendimiento. Si eres la persona enojada, deja que la ira se apacigüe y pide ayuda y entendimiento.
  2. Perdona los errores. Ser humano implica que tropezarás – como amigo, hijo, padre, esposo, o cualquier otro rol que asumas en la vida. La clave para el éxito en todas las áreas es levantarse después de caer. Perdona tus propios errores e imperfecciones, y tu pareja también lo hará.
  3. Comunícate de manera constructiva. Si algo hiere tus sentimientos, puedes decir: “Eso dolió”. Si tu pareja te dice que has dicho algo hiriente, detente y di lo que necesites decir para que no se sienta como un ataque. Atacamos con nuestras dagas cuando sentimos que necesitamos defendernos. No estamos haciendo una guerra; estamos haciendo paz en el hogar.
  4. Pregunta y escucha. Pregúntale a tu pareja lo que necesita para sentirse amado/a. Escucha la respuesta. Repítela para asegurarte que has entendido. Ahora tienes información poderosa para nutrir tu matrimonio.
  5. No te pongas en una postura defensiva. Muy a menudo nos sentimos acusados, culpados y culpables. Cuando tu pareja esté enojada por algo, mantén tu mente abierta para encontrar una solución positiva para ambos. Si uno de los dos tiene que estar en lo “correcto” y el otro “equivocado”, ambos pierden. El objetivo es que los dos se sientan amados y valorados.
  6. Busca soluciones, no problemas. Si fueses 100% responsable de esta relación, ¿qué harías de otra manera? (¿Cómo darías, recibirías, preguntarías, escucharías, compartirías, servirías o comunicarías?)
  7. “El césped es más verde en donde lo riegas”. Digan cumplidos, pasen tiempo juntos, regalen cosas, hagan cosas lindas el uno por el otro, sean generosos con el afecto, y derrochen apreciación. Dense un respiro cuando sea necesario – perdonen generosamente. Permanezcan abiertos al humor.
  8. Oren en todo momento. La plegaria abre los canales del poder y la bendición del Creador. Nada es demasiado grande, y nada es demasiado pequeño o insignificante para hablar con El. En tus propias palabras, en cualquier idioma, desde el corazón.

Construye una casa de a un ladrillo a la vez. Construye un matrimonio de a una palabra, un acto amable, un momento a la vez, y luego otro y otro. Con consistencia. A través del tiempo. Tu matrimonio vale cada gota de amor y esfuerzo que inviertes en él.

por Laya Saul